martes, 9 de noviembre de 2010

JORNADAS DEL DEPARTAMENTO DE PSICOANÁLISIS Y FILOSOFÍA

SÍNTESIS CHARLA INSTITUTO N°20

Para comenzar a introducir el concepto de CUERPO proponemos hacer una distinción entre SER UN CUERPO y TENER UN CUERPO.
Identificamos casi espontáneamente, imaginariamente, el cuerpo y el ser viviente. Es una identificación que esta al principio del primer abordaje del ser, teniendo en cuenta a Aristóteles, pero lo que Lacan va a plantear es que si bien dicha identificación es licita para el animal, no lo es para la especie humana. El cuerpo no compete al ser sino al tener, esto concierne al estatuto del cuerpo hablante. El sujeto, a partir del momento en que es sujeto del significante, sujeto afectado por las palabras, por el inconciente, no puede identificarse a su cuerpo y de allí procede su afecto por la imagen de su cuerpo.
De entrada el organismo humano no es correlativo a un medio que le es preformado; existe un desfasaje originario para el cuerpo viviente, entre cuerpo orgánico y cuerpo especular. Lacan en su desarrollo del estadio del espejo hace referencia a este dualismo y postula que el proceso de maduración fisiológica le permite al sujeto, en un momento determinado de su historia, integrar sus funciones motoras y acceder a un dominio real de su cuerpo. Pero antes de ese momento, aunque en forma correlativa con el, el sujeto toma conciencia de su cuerpo como totalidad. La sola visión de la forma total del cuerpo humano brinda al sujeto un dominio imaginario de su cuerpo, prematuro respecto del dominio real. Esta formación se desvincula del proceso de maduración y no se confunde con el.
En ese cuerpo suceden cosas imprevistas, acontecimientos de discurso (Freud: vivencia-trauma) que dejan huellas desnaturalizantes, disfuncionales para el mismo y hacen síntomas, que no son sin el cuerpo del Otro.(ej: enuresis, encopresis, jaquecas…). Para Freud, el trauma es la excitación más allá del principio del placer. Para Lacan, es la incidencia de la lengua sobre el cuerpo. En ambos se trata de un "acontecimiento de cuerpo", acontecimiento que produce huellas de afecto.
En muchos casos el dolor aparece como una manifestación sintomática para tapar la angustia. (interconsultas Imec- pac. con dolor de estomago a la hora de hablar sobre la separación de sus padres…).
En este proceso, las funciones paterna y materna se juzgan según una tal necesidad. La madre tiene un rol de cuidados así sea por la vía de sus propias carencias y el padre encarna la ley regulando de este modo el deseo materno respecto del niño.
La verdad que cuenta para cada niño, más allá de la biología, es como encuentra un lugar en su grupo familiar, un lugar que le permita ser acogido en su particularidad y no como un instrumento de la voluntad de los que lo tratan o mal-tratan….
En El Malestar en la cultura, Freud plantea que el malestar es estructural por tres razones, que son tres imposibles: la imposibilidad de dominar plenamente el cuerpo, la naturaleza y las relaciones de los hombres entre si.
Nos encontramos ante una de las fuentes del malestar que es el cuerpo y la manera de operar sobre el. Podemos hacernos cada vez más liftings, colocarnos botox o someternos a cirugías, pero la caducidad del cuerpo es imposible de evitar.
Durante años la biología celebro la unidad del viviente. Hoy nos encontramos ante una fragmentación del mismo; fragmentación propia del cuerpo psicótico, en pos de su supuesto beneficio (cirugias estéticas – ingeniería genética…)
Respecto de esta fragmentación del cuerpo resulta interesante hacer referencia a lo que muchos autores como Foucault y Agamben, llaman biopolitica; es decir, el peso que tiene en este momento histórico la incidencia de las lógicas sociales sobre el cuerpo. Hay que entender que del lado de lo social, cuanta más incidencia hay sobre la imagen y menos recurso a la palabra, cuanto mas se intente homogeneizar, más oscuras son las formas de goce, de satisfaccion que se producen (tatuajes-pearcings-colageno-cirugias…).

domingo, 5 de abril de 2009

"Ataque de pánico" por Andrea Botas

LO ACTUAL EN EL PÁNICO

La sintomatología que describe el cuadro del llamado Ataque de Pánico se ha popularizado en estos tiempos, tiempos en que se hace necesario la descripción, clasificación y generalización de ciertos fenómenos clínicos.
Nos encontramos así con el DSM (Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) y la descripción precisa respecto de este cuadro sintomático, que queda ubicado dentro de los trastornos de ansiedad y nombrado como Crisis de angustia o panic attack. Pero algo más se hace necesario, ya que en este procedimiento está sólo la descripción del mismo, que si bien es pertinente nada dice de la estructura subjetiva de quien lo padece.
Ahora bien, no se puede afirmar que haya algo nuevo en la fenomenología con la que hoy se presenta el ataque de pánico. El diagnóstico de ataque de pánico surge alrededor del año 1980 como una propuesta de la psiquiatría estadounidense. Sin embargo, casi cien años antes, S. Freud, ya había podido delimitar un fenómeno similar. Esto lo corrobora la descripción clínica que -bajo el nombre de “ataque de angustia”- realizó Freud en 1894 al establecer una diferencia fundamental que produce en su nosología, entre las neurosis actuales y las neurosis de transferencia, cuya distinción básicamente es si existe mecanismo psíquico o no. En las neurosis actuales, Freud incluye dos entidades: la neurastenia y las neurosis de angustia y dentro de esta última describe una serie de grupos sintomáticos siendo uno de ellos el ataque de angustia.
Freud afirma que el estado de angustia, que se mantiene la mayoría de las veces latente para la conciencia, puede irrumpir de pronto y provocar un ataque de angustia –hoy se diría de pánico-.Y así lo describe: “un ataque tal puede consistir en el sentimiento de angustia solo, sin ninguna representación asociada, o bien mezclarse con la interpretación más espontánea, como la aniquilación de vida,”caer fulminado por un síncope”, la amenaza de volverse loco; o bien el sentimiento de angustia se conecta con la perturbación de una o varias funciones corporales –la respiración, la actividad cardíaca, la inervación vasomotriz, la actividad glandular-.De esta combinación el paciente destaca un signo u otro: se queja de “espasmos en el corazón”,”falta de aire”, “oleadas de sudor”,”hambre insaciable”,etc., y en su exposición es frecuente que el sentimiento de angustia quede completamente relegado o se vuelva apenas reconocible como un “sentirse mal”, un “malestar”,etc..
Lo “actual” del ataque de angustia –en tanto Neurosis actual- es que el afecto de angustia no proviene de una representación infantil reprimida, sino que es una excitación no tramitada adecuadamente por el aparato psíquico. Cabe destacar que Freud era un médico neurólogo que establecía la importancia de una causalidad con efectos en el “sistema nervioso”, una causa difícil de localizar desde las ciencias médicas.
No se descarta que el ataque de pánico pueda también generarse por el trabajo excesivo –estrés- pero ésto no actúa más que como factor desencadenante, no como causa específica. Esta causa es la “insuficiencia psíquica” para tramitar ese monto de excitación.
Es fundamental marcar que “ataque de pánico” sólo describe una serie de signos, que pueden presentarse de la misma manera en un número variable de personas. Ellas sólo comparten los fenómenos sintomáticos, a los que habrá de ubicar de acuerdo a la función que cumplen en cada caso. Un hecho de importancia diagnóstica que se encuentra: casi todo síntoma corporal puede constituir el ataque por sí solo al igual que la angustia misma. Son las distintas formas que puede tomar un ataque encubierto: como trastornos de distintas funciones corporales (náuseas, espasmo esofágico, taquicardia, arritmia momentánea) sin ningún registro del sentimiento de angustia. Si se ignora ésto, se deja al paciente deambulando por los consultorios de distintas especialidades médicas para el tratamiento de fenómenos corporales que no cesan, porque en realidad la angustia no ha cesado, sino que aparece solapada en estos síntomas.
Aquello que queda por fuera de la descripción del DSM IV es tomado precisamente por el psicoanálisis en su práctica. En este punto, la importancia fundamental de un tratamiento consiste en ubicar la función que ese pánico y ese ataque cumplen para el que lo padece; tomar esta fenomenología para ubicar un diagnóstico diferencial.
Son varias las denominaciones que el pánico recibe a lo largo de la historia. En tiempos de la guerra estadounidense (1861-1865), el médico Mendes Da Costa lo denomina “sindrome de corazón irritable”. Refiere que este padecimiento, que afecta a tantos soldados, no se presenta con una lesión cardíaca y parece obedecer a una alteración en el sistema nervioso vegetativo. Por la misma época (1870), el cirujano Myers lo designa como “corazón de soldado”, y ya en 1872, el psiquiatra alemán Westphal crea la expresión “miedo al miedo”.
Durante la Primera Guerra mundial (1914-1918) en el ejército se producen más de 60.000 casos de una afección conocida como “acción cardíaca alterada”. En la Segunda Guerra mundial (1939-1945) se lo llama “neurosis cardíaca”. En 1960, se lo denomina “fobia cardíaca”, en alusión a la angustia que presentan los pacientes de que su corazón se detenga y se produzca la muerte.
Ahora si bien no son nuevos los síntomas de eso que hoy se ha popularizado bajo el nombre de ataque de pánico sí es novedosa su extensión en las sociedades occidentales. Lo que aparece novedoso es el carácter “epidémico” del pánico, en el sentido de su extensión: son más frecuentes los pacientes que por padecerlo, consultan o son derivados a los consultorios en los últimos años. Se puede armar la siguiente hipótesis de que –al igual que lo que ocurre con otros de los llamados “sintomas actuales”- algo de la actualidad parece favorecer el terreno apropiado para que el pánico se multiplique.
Si tuviéramos que definir con un solo rasgo a la época posmoderna en sus distintas facetas –cultural, política, económica, etc.-nos convendría quizás elegir la declinación de los semblantes de autoridad, la disolución de la figura del líder que anteriormente sostenía el lazo de un individuo con otro, al hacerse presente un ideal en común con el cual identificarse. Para la conformación de cualquier organización colectiva es necesario que se instale un mecanismo identificatorio que permita que un grupo de personas hagan lazo entre sí. La globalización y el capitalismo como un rasgo de esta época apunta a un quiebre de este mecanismo identificatorio, multiplicando y relativizando así los ideales. Los sujetos por no tener ya ningún ideal en quien creer, andan desorientados por la vida y a veces asustados. Los individuos angustiados y asustados ya no se pueden agrupar alrededor de ideales compartidos. Esta cuestión del ataque de angustia, del ataque de pánico tiene que ver con ese desamparo: miedo a morirse, miedo a perder el control, hay algo del orden de la ruptura de aquello que sostiene a ese sujeto en el mundo. Es una manera de situar la cuestión del pánico, aquello que sostiene a un sujeto en el mundo parece que se va a desvanecer.
BIBLIOGRAFIA:
- “Sobre la justificación de separar de la neurastenia un determinado síndrome en calidad de ‘neurosis de angustia’”. (1895). Sigmund Freud. Amorrortu Editores.
- “El revés del trauma” E.Laurent en Revista VIRTUALIA nro.6.Jun-Julio 2002.
“La urgencia generalizada”, Urgencia Generalizada, año de edición 2004.
- “La urgencia generalizada. La practica en el hospital”. Guillermo Belaga comp. Edit. Grama.

Jacques Lacan

martes, 16 de diciembre de 2008

"El trabajo social pide la palabra" por Natalia Cópola

El tema que me convoca a escribir en esta oportunidad es el padecimiento subjetivo, y la salud mental en su concepción más holística. Hago esta salvedad ya que podría explayarme en la Salud Mental y las políticas de institucionalización que se llevan a cabo como modo de abordaje, para lo cual la condición sine qua non es ser “propietario del diagnóstico psquiátrico”, y su posterior tratamiento estereotipado, clasificatorio y estigmatizante que se desarrolla intra muros.
No es mi intención plantear nuestra intervención desde este plano, por el contrario el padecimiento subjetivo no le es indiferente a ningún sujeto, y sus orígenes están ligados a los procesos históricos que nos atraviesan.
Como sostiene Mario Testa pensar la salud implica ubicarla en un contexto más amplio para resignificar los discursos que en torno a él se producen.
El problema salud-enfermedad-atención no puede desconocer que los cambios en los procesos productivos, laborales, de distribución de los bienes y servicios que una sociedad produce impactan en las formas de enfermar y morir y definen la modalidad en que organiza la atención de la salud-enfermedad.
El proceso salud-enfermedad es una realidad concreta que se presenta en individuos y grupos con determinadas características socioeconómicas y culturales, producto de sus condiciones reales de trabajo y de vida.
Las causas deben buscarse en la estructura y la organización de la sociedad, en el ámbito de lo social, aún cuando esto se manifieste de forma concreta en el individuo.
La primera pregunta que surge seguramente es Qué es el Trabajo Social?
Voy a definir al Trabajo Social desde mi posicionamiento, porque a diferencia de la medicina, el psicoanálisis, el derecho, nuestra disciplina es un poco confusa, sus fronteras son amplias, sin un lenguaje que la defina así misma, sin teorías propias, con lo cual el rol también suele nublarse y he aquí el primer problema de nuestra intervención.
De todos modos el Trabajador Social siempre delimita un campo (Bourdieu) de competencia y construye un objeto de estudio.
La intervención profesional de los Trabajadores Sociales se centra en la atención de las necesidades presentes en la población, a partir de una particular concepción del mundo, de los sujetos, y de las relaciones humanas, a la que todo sujeto adhiere cuando ejerce su profesión.
Porqué agregar esto? La necesidad plantea una contradicción existencial. La necesidad se da en el interior de los sujetos mientras la satisfacción se da en el exterior, por tanto esa contradicción es el motor en la búsqueda de las gratificaciones.
Sostiene Habermas “las necesidades no sólo son biológicas, sino humanas, en tanto son interpretadas por el hombre (como animal cultural) (…) toda interpretación es cultural. Necesidad es un sentimiento contradictorio e interno que crea al sujeto intencionalidades de satisfacción. Esta búsqueda lo hace interactuar con el medio social en el que radica su resolución…”
El trabajo Social debe tomar como categoría de análisis la vida cotidiana de los sujetos. La vida cotidiana de los hombres es mucho más que un conjunto de actividades rutinizadas, es la producción y reproducción de los hombres en su dimensión histórica, en un presente, pasado y futuro. En la misma el hombre se objetiva en diversas formas, y formando su mundo se forma a sí mismo. “Con la parición de la división social del trabajo, el encontrarse al nacer en un ambiente social concreto, es decir el primado de la apropiación de este ambiente en la vida cotidiana, se convierte en un fenómeno de alienación”. Apropiarse del mundo dado por consiguiente, significa no solamente interiorizar y desarrollar capacidades humanas, sino también y al mismo tiempo apropiarse de esa alienación (en el sentido marxista de la categoría). De este modo arribamos a la conclusión de que la lucha es inherente a la reproducción del hombre histórico en el desarrollo de su vida cotidiana.
Hombre = Necesidades = Vida Cotidiana = Lucha

El capitalismo ha provocado que la esencia humana sólo pueda desarrollarse al precio de la dese-sencialización de los hombres particulares.
Dirá Marx qué significa todo esto sino que la vida del hombre en su totalidad, la vida del hombre medio, la vida cotidiana se concentra alrededor de la mera existencia y el poseer?
Adhiriendo con Zigmunt Bauman, la modernidad (líquida) ha cambiado los parámetros del poseer, y de aquel que consume, centrando la responsabilidad y favoreciendo el sentimiento de culpa en la individuo; provocando así una (falsa) omisión respecto de que las oportunidades dadas o negadas son un producto colectivo. Y como sostiene este autor “no existen soluciones biográficas, a contradicciones sistémicas”. Tomando a Gigliani la historia de las dos últimas décadas muestra el agotamiento de cada fase de expansión, se profundizan las contradicciones del sistema, incrementándose la exclusión social, el desempleo y la enorme brecha entre pobres y ricos.
“Nueva cuestión social”, que tiene más de vieja que de nueva, y que implica nuevos pobres, nuevas demandas, nuevas formas de violencia, donde la que más sobresale es la simbólica.
Des este modo los lazos sociales, entendidos, desde mi punto de vista como las relaciones establecidas, puntos de referencias construidos, se van resquebrajando. Hoy los lazos son construidos desde la precariedad, desde los márgenes, donde las proyecciones individuales y colectivas se diluyen y la incertidumbre se convierte en moneda corriente.
Producto de la fragmentación social, como sostiene Carballeda surgen nuevas construcciones identitarias y nuevas relaciones de referencia. Por este principal motivo (necesidades básicas insatisfechas para el desarrollo de la vida de los hombres) la salud mental se ve afectada.
El Trabajo social es el profesional que puede y debe intervenir en la disyuntiva que se plantea entre autonomía y alternativas. Las alternativas deben ser nuestro punto de inflexión para el análisis de cada situación y el posterior abordaje. No hay autonomía posible sin alternativas, y en cambio sin autonomía pueden existir alternativas que serán aquellas que son predefinidas por ese lugar que se ocupa en la estructura social.
Para el Trabajo Social descubrir en qué se basa la vida cotidiana, lo lleva a dilucidar las objetivaciones de los procesos subjetivos, por medio de los cuales se construye el mundo intersubjetivo.
Las posibilidades se desprenden de conocer el entorno. El entorno incluye la problemática social y económica, problemáticas coyunturales que no dependen sólo de la enfermedad. Generalmente aparecen temas vinculados con la convivencia, específicos de la dinámica familiar.
Nuestra tarea es un lugar de incertidumbres y nos interpela a poner en marcha nuestra capacidad creadora, intentando en el día a día generar nuevas instancias en los dispositivos de trabajo.
Por último agregar que el Trabajador Social, no debe olvidar nunca su condición particular de trabajador asalariado, y para esto hay que acudir a “la clausura de pensamiento”, que según Castoriadis implica necesariamente la reflexión en sentido crítico para la elucidación, “pensar lo que se hace y saber lo que se piensa” . Esto implica analizar los condicionamientos sociales que afectan al proceso de investigación-intervención, tomando como punto especial de la mirada, al propio profesional en cuestión y sus relaciones. En palabras de Bourdieu “objetivar al sujeto objetivante” .
En un país que vio arrasados sus ideales de justicia social, creer en utopías que nos devuelvan los sueños es parte de la lucha, de la resistencia del combate. Creo fervientemente que esto se logra constituyendo una red social que esté conformada por dos redes: una vincular y otra nocional, cuyo epicentro de ambas esté constituido por la singularidad de cada sujeto, esto debe ser la directriz que guíe nuestras intervenciones. Si bien reconozco que hay límites estructurales y funcionales creo que existen grietas, microespacios desde donde las “alternativas” pueden “germinar”.
Bibliografía:
• Ágnes Héller, “Sociología de la vida cotidiana”.Ediciones Península, Barcelona 2002, Pág. 53.
• Alicia Gutierrez. “ Con Marx y Contra Marx: el materialismo en Pierre Bourdieu”. Revista Complutense de Educación, Madrid 2003.
• Cazzaniga Susana. “Intervención Profesional: legitimidades en debate”. Edit. Espacio, Bs As 2006.
• Dabas Elina. “Redes en Salud”, Edit Espacio, Bs As 1999.
• Geertz Clifford. “La interpretación de la cultura”. Edit. Gedisa, Madrid.
• Karl Marx. “Manuscritos: economía y filosofía. Edit. Alianza, Madrid, 1968, pag 112.
• Mario Heller (coord). “Filosofía Social y Trabajo Social elucidación de un campo profesional”. Edit Biblos, Bs As 2002.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

"ARTE Y PSICOANALISIS" por Román Guibelalde

“¿Cómo es que los griegos, la raza más discreta, la raza más bella, la más envidiada, con justicia la mejor integrada a la vida, precisamente ellos necesitaron de la tragedia, más aún: del arte? ¿Y por qué?” Friedrich Nietzsche. “El origen de la tragedia”.
“Ni de día ni de noche se os caigan de las manos los modelos griegos”. Horacio, Arte poética.

Lacan en 1953 escribió: “Es conocida la lista de las disciplinas que Freud designaba como debiendo constituir las ciencias anexas de una facultad de psicoanálisis: “la historia de la civilización, la mitología, la psicología de las religiones, la historia y la crítica literarias”. Añadiremos de buen grado, por nuestra parte: la retórica, la dialéctica en el sentido técnico que toma este término en los Tópicos de Aristóteles, la gramática, y, cima suprema de la estética del lenguaje: la Poética, que incluiría la técnica, dejada en la sombra, del chiste”.1
De entrada, debemos conocer la inversión operada por Lacan en relación a la perspectiva freudiana: no existe el psicoanálisis aplicado a las obras de arte. Lacan en “Juventud de Gide” afirma rotundamente que “el psicoanálisis sólo se aplica, en sentido propio, como tratamiento y, por lo tanto, a un sujeto que habla y oye”, es por eso que no existe el psicoanálisis aplicado a una obra de arte. Aunque tanto Freud como algunos postfreudianos se dedicaron a analizar obras de arte, literarias, etc.
Freud, por ejemplo, por su parte, analizó sujetos a partir de algún recuerdo (Leonardo da Vinci, Goethe), obras de arte, la Gradiva, un cuento de Hoffman, el Moisés de Miguel Angel, Edipo, Hamlet, Moisés como personaje histórico, etc.
Luego del texto de Freud de 1910 acerca de Leonardo(2)salieron los historiadores del arte a comentarlo, primeramente algunos acerca de los “errores” de Freud, y otros, más acá en el tiempo, a defenderlo, a sostener que aún en la historia del arte más exigente no se podía dejar fuera de juego al inconsciente. Al fin de cuentas, a pesar de sus inexactitudes, Freud recogía una verdad. Algunos hebraistas también plantearon similitudes y diferencias en relación al texto freudiano de Moisés.
Ahora, no se trata de pelearnos con los historiadores o filósofos del arte, sino de codearnos con ellos, y de entablar conversaciones.
Y Lacan mismo, ¿nunca comenta una obra de arte?. De hecho toma a Poe, a Victor Hugo, a Genet, Antígona, Edipo en Colona, Claudel, Joyce, los surrealistas, la cultura oriental, cuadros, la pintura, el teatro, tan sólo por nombrar aquellos a los que dedicó más clases de sus Seminarios o páginas de sus Escritos.
En cuanto a la pintura, por ejemplo, en reiteradas oportunidades a lo largo de su transmisión, Lacan apela a alguna pintura para abordar diversas temáticas de su enseñanza. Algunos ejemplos: en el Seminario 4, retoma el análisis freudiano de la pintura de Leonardo da Vinci "Santa Ana, la Virgen y el Niño". Cita como referencia la pintura pompeyana de la Villa de los Misterios en el escrito "La significación del falo". En el seminario 8, dedica una clase entera a un cuadro llamado "Psique sorprende a Amore", es decir a Eros, pintura manierista de Zucchi. Encontramos múltiples referencias pictóricas salpicadas en el seminario 7. Santa Lucía y Santa Ágata, cada una con sus ojos y sus senos en una bandeja, de Zurbarán, comentados en el Seminario 10. En el Seminario 11, el análisis del ya célebre "Los embajadores" de Hans Holbein. "Las Meninas" de Velázquez y "La condición humana" de Magritte en el Seminario 13, etc.
Por supuesto que a lo largo de toda su enseñanza Lacan toma muchísimas obras más, de diversos temas 3.
Entonces, la inversión lacaniana sería que es la obra de arte la que se aplica al psicoanálisis, y no a la inversa, se concibe el arte como ocasión para un avance teórico.
François Regnault afirma: “El psicoanálisis aplicado a las obras de arte, literarias, plásticas, musicales, pero también a los acontecimientos históricos y, cada vez más, a los escritos y a las palabras, a los hechos y a los gestos, a las ciudades y al campo, a los animales y a las personas, dan a menudo esa impresión de gratuidad en la interpretación... Uno se instala ante la obra y descubre un autor detrás de ella, encima, debajo, al lado. Uno busca, busca y cree que ha encontrado”4 La gente cree encontrar fantasmas, obsesiones, todo referido al presunto “autor”.
Lacan, continuando con lo anterior afirma: “Freud fue al respecto de una singular prudencia. Sobre la naturaleza de lo que se manifiesta en la creación de lo bello, el analista, según él, nada tiene que decir. En el dominio cifrado del valor de la obra de arte, nos encontramos en una posición que ni siquiera es la de los escolares, sino la de los recolectores de migajas”5. Y es así, Freud en varias ocasiones, Dostoievsky y el parricidio, Goethe, en Leonardo, por nombrar algunas, afirma que del proceso creador nada podemos decir. En Leonardo dice: “estando el don artístico y la capacidad de trabajo íntimamente ligados a la sublimación, debemos confesar que la esencia de la función artística nos resulta también psicológicamente inaccesible”.
Por ejemplo, el pintor americano Whistler estaba en un café de París y la gente discutía el modo en que la herencia, el ambiente, la situación política del momento y cosas por el estilo influían en el artista. Entonces, Whistler dijo: “El arte sucede”. Es decir, hay algo misterioso en el arte. Borges afirmaba: El arte sucede cada vez que leemos un poema 6.
Para Lacan en toda forma de sublimación el vacío será determinante. Para él “todo arte se caracteriza por cierto modo de organización del vacío”. Podemos hablar de la vasija del alfarero como ejemplo trivial. Más adelante en su obra al tomar la pintura, y desde el Quatroccento en adelante, toma la anamorfosis. El arte primitivo, la vasija, el arte moderno. También plantea cuestiones acerca del teatro, y hasta obras musicales. Ahora, cabe aclarar que si bien hay una ética del psicoanálisis no hay una teoría estética del psicoanálisis, mal que le pese a Theodor Adorno quien critica la supuesta estética freudiana.
Pero dejemos por un momento este mal resúmen de Lacan y pasemos a otras cuestiones.
¿Qué nos dicen que es el arte?
Para Nietzsche el “arte es la vocación más importante y la actividad esencialmente metafísica de la vida”, las artes hacen la vida posible y digna de ser vivida, y lo contrapone a los que piensan que el arte es un pasatiempo agradable sin el cual se podría pasar muy bien “la seriedad de la vida”. Así, frente al mundo habitual y cotidiano y a los automatismos que se nos imponen para que “las cosas sean como son”, el arte (o la reflexión estética) se presenta para poner en entredicho el mundo de todos los días.
Aunque el arte existía en Egipto, en la Mesopotamia y en todas partes, no está claro que fuera contemplado como lo que hoy llamaríamos arte: representaciones en el sentido semántico del término, más que en el mágico. Nietzsche sostiene que en Grecia primero comienza a representarse con el sentido mágico o religioso. Tenemos entonces, dos sentidos de la representación. En las fiestas orgiásticas el dios mismo se hacía presente ante sus celebrantes. Se creía que estaba literalmente presente en cada ocasión, y éste es el primer sentido de representación: re-presentación. Con el tiempo este ritual fue reemplazado por la misma acción simbolizada, que era el drama trágico. En el clímax del ritual se hacía presente, no ya el dios sino alguien que lo representaba. Y éste es el segundo sentido de representación: algo que está en lugar de otra cosa.
Arthur C. Danto afirma que “el arte, en tanto que arte, establece un contraste con la realidad en la medida en que surge junto con la filosofía” 7. Para este autor lo que nosotros llamaríamos estatuas, grabados, ritos, sufrieron una transformación, pasando de ser una parte simple de una realidad mágicamente estructurada (en que se les atribuía poderes especiales y eran susceptibles de presentaciones múltiples) a ser cosas en contraste con la realidad 8.
Aristóteles en su Poética plantea la necesidad del arte en dos cuestiones, la primera que es connatural a los hombres el reproducir imitativamente, y segundo que todos se complacen en esta reproducción imitativa, es decir, el placer se encuentra en la imitación. Dice: “cosas hay que vistas nos desagradan, pero nos agrada contemplar sus representaciones y tanto más cuando más exactas sean. Por ejemplo: las formas de las más despreciables fieras, las de muertos”. (mimesis). Hay que reconocer que cuanto mayor es el grado de realismo logrado, mayor es la necesidad de indicadores externos de que se trata de arte y no de realidad, y éstos se vuelven cada vez menos necesarios conforme decrece el realismo de la obra de arte 9. Estos días fue un nuevo aniversario de la puesta al aire de “La guerra de los mundos” por Orson Welles.
FILOSOFIA DEL ARTE
¿Qué es el arte hoy, en Occidente? 10. Duchamp transformó en obras de arte objetos banales, un peine, una rueda de bicicleta, un inodoro (al que llamó la Fuente en 1917, objetos “estéticamente anestesiados” 11). En 1964 Andy Warhol expuso las cajas de Brillo (jabón en polvo) provocando un revuelo en el mundo del arte. ¿Por qué esas cajas eran obras de arte y las que estaban en las góndolas no?. ¿Por los materiales con que estaban hechas?. ¿Entonces, por qué las latas de sopas Campbell que él simplemente trajo del supermercado y las expuso eran obras de arte?. Dos cosas entonces: ¿qué es una obra de arte, y qué hace que algo sea una obra de arte y otra similar no?. Ejemplos, miles, pero qué hace que una película familiar no sea arte y otra sí, un escrito propio no y cualquier nota de un “escritor” si, en diciembre de 2006 Armani exponía en el museo Gugghenheim una “retrospectiva” de su ropa, etc.
Pero intentemos ir por el principio. Según la definición del diccionario arte es cualquier actividad humana cuyos resultados y proceso de desarrollo puede ser objeto de juicio estético. Y las bellas artes son las que tienen por finalidad la expresión de la belleza (aquí nos encontramos, primero con qué es un juicio estético y en qué se basa, y, segundo, con la definición de belleza. En cuanto a la belleza, podemos pensar en el cuadro de Van Gogh, o en las fotografías de Diane Arbus que hizo propia la definición de Baudelaire de que la belleza será convulsiva o no será).
Podríamos preguntarnos acerca de la supuesta universalidad de un juicio estético.
Una teoría del arte dice que un objeto (o artefacto) se dice obra de arte cuando así se lo considera desde el marco institucional del mundo del arte. Pero deja sin explicar por qué el inodoro de Duchamp es una obra de arte y uno común no lo es, tendríamos dos objetos, uno ontológicamente inferior al otro sin saber por qué.
La solución inicial de Wittgenstein es que el arte es inefable, o que debe matizarse con los factores institucionales. ¿Esta condición de indiscernible nos sirve para fundamentar una teoría del arte?.
Una solución que se manejaba era que es correcto decir que una obra de arte es expresión, en la medida que es causada por un sentimiento o una emoción de su autor, los cuales expresa de hecho. Intención y expresión de sentimientos. Esto se complica al pensar en otras cosas que expresan sentimientos pero que no son obras de arte, las lágrimas por ejemplo. (¿Si las obras de arte expresan una “intención”, puede ser la intención de vender y ganar plata?. ¿De ser así, un falsificador de cuadros, hace una obra de arte o no?)
FINAL
En 1894 Marcel Schwob 12 escribía acerca del arte algo que, sin proponérselo, describe muy bien al psicoanálisis. Decía: “El arte es todo lo contrario de las ideas generales; sólo describe lo individual, sólo propende a lo único. En vez de clasificar, desclasifica. Al fin y al cabo, nuestras ideas generales podrían ser muy bien idénticas a las que gobiernan la vida del planeta Marte, y tres líneas que se cortan constituyen un triángulo en todos los puntos del universo. Pero examinen una hoja de árbol, con sus nervaduras caprichosas, sus matices variados por la sombra y el sol, la leve henchidura provocada por la caída de una gota de lluvia, la picadura causada por un insecto, la huella plateada de un caracol diminuto… busquen una hoja exactamente igual a ésta en todas las selvas y bosques de la tierra: ¿a que no la encuentran?. No hay ciencia capaz de determinar con precisión los filamentos de una célula, la curva de una vena, la manía de una costumbre, las sinuosidades del carácter. […] que un hombre acostumbre a comer a determinada hora un ala de pollo, he ahí lo que no tiene paralelo en el mundo. Thales habría podido decir lo mismo que Sócrates, pero no se habría frotado la pierna en la prisión del mismo modo antes de beberse la cicuta”. El arte, como el psicoanálisis, desclasifica.
Bibliografía:
1 Lacan, J. “Función y campo de la palabra...”. Escritos I. Pág. 277.
2 Freud, S. “Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci”. (1910). AE. Vol. 11
3 Como muestra basta revisar la obra “Referencias a la obra de Lacan”, verdaderamente vasta.
4 François Regnault. Esas sandeces que pululan en los textos analíticos. En Presentación de Lacan. Manantial
5 Lacan, Seminario VII, pág. 286. cap. La función de lo bello.
6 Borges, J. L. “Arte poética”.
7 Arthur C. Danto. “La transfiguración del lugar común”. Una filosofía del arte. Paidós Estética 31. 2002.
8 Danto en sus últimos trabajos para The Nation señala una paradoja de las actuales obras de arte, aunque situadas en un contexto crecientemente multicultural, las obras de arte del presente no parecen capaces de hablar por sí mismas.
9 “Ciertamente, las obras de arte imitan a los objetos que ellas representan. Dando la imitación del objeto hacen del objeto otra cosa. De este modo sólo fingen imitar. El objeto está instaurado en cierta relación con la Cosa destinada a la vez a delimitarla, presentificarla y a autentificarla”. Lacan, J. Sem. VII, pág. 174.
10 En Japón hoy se hacen las mismas preguntas estético-filosóficas que en occidente, demostrando que es más occidental que oriental. Pero desconozco las otras culturas.
11 Sólo unos pocos años antes –1890- fallecía Van Gogh. ¿Evolución?. Hoy son casi excesivamente comunes todas las “exposiciones” similares, por ejemplo en el centro Recoleta fue hace un par veranos con fotos y exposiciones de juguetes.
12 Schwob, Marcel. “Vidas imaginarias”. El arcón de Emecé.

"Asma, enfermedad psicosomática" por el Dr. Luis María Rosas Cadile, especialista en Alergia e Inmunología clínica".

Si la torpe sustancia de mi carne, fuese pensamiento
w. Shakespeare, soneto 44
Definir el lugar que ocupa el cuerpo dentro del modelo psicobiológico implica un complejo desafío teórico clínico.
A partir de que la psicología nació como ciencia natural uno debe enfrentarse con interacciones entre el fenómeno psíquico y físico.
Si tomamos al yo (superficial) como algo más cerca de lo físico y al ello (profundo) mas cerca de lo psíquico, podremos articular la enfermedad psicosomática.
La alternativa entre cuerpo biológico más cerca del yo y psiquis más cerca del ello, se esfuma y diríamos que lo somático, seria lo psíquico inconsciente, privado en la conciencia de significado.
Tenemos un cuerpo biológico, que esta determinado por lo psíquico.
El cuerpo fisiológico, soma, tiene un orden biológico (Bios) y estaría dentro de la necesidad y de las leyes naturales. El cuerpo erótico (Eros) establecería su orden psicológico desde el deseo.
Este es un dualismo cartesiano inseparable. Entra en interacción, sin especificidad jerárquica, de uno sobre el otro.
Los médicos como los no médicos, que trabajamos en salud tenemos tonalidades de escisión en este tema. Tendemos a separar algo que va unido desde su nacimiento.
Lo vemos con claridad en la conversión histérica donde hay una supuesta lesión en el cuerpo que no tiene representación anatómica en el cerebro, a diferencia de un accidente cerebro vascular (acv), con las dos lesiones orgánicas detectables, central y periférica.
El discurso médico cultural, es representacional, para poder dar una explicación racional a su sufrimiento imaginario o por lo menos sin lesión anatómica comprobable.
Esto a veces lleva a la iatrogénia, que agrava el cuadro, por no comprender lo otro.
Entendemos por psicosomática una relación específica entre fenómenos somáticos y un modo de organización psíquica, caracterizada por indicadores originales.
Los más frecuentes son:
Alexitimia: no poder leer lo que siente, necesita o quiere el otro.
Pensamiento operatorio: hace, sin reflexionar, sin pausa para pensar.
Sobreadaptación: siempre estoy bien, no puedo permitirme sufrir o mostrar sufrimiento.
Depresión blanca o esencial: vacío primitivo, primario.
Trastorno del universo simbólico, no hay simbolismo.
Desmesura del ideal: un ideal desmedido, descomunal, excesivo, exagerado, enorme, gigantesco.
Angustia: sentimiento difuso, confuso, impreciso, farragoso, incomprensible.
Alteraciones del sistema percepción conciencia con predominancia de la desmentida: negar, rechazar, rebatir, refutar, impugnar, objetar, contradecir la realidad.
Y falla en la coraza antiestímulo con mayor disposición al trauma.
Este tipo de paciente tiene una desestimación del síntoma somático y una pobre empatía corporal, el cuerpo aparece exigido, como si estuviera fuera de la mente.
La sensación propioceptiva esta desatendida, no hay lugar para reconocer la fatiga, la acidez, la colitis. Nada más que como algo “físico”, o sea pobre empatía corporal. La propioceptividad esta alterada.
Dentro de este descuido yoíco esencial, paradójicamente a veces se privilegian cuidados externos excesivos, para un mejor “decorado” corporal.
A este cuerpo social, responden a ideales sobreadaptados de la cultura, como delgadez, masajes, cirugías estéticas.
O sea lo que esta en falla es el sistema representacional, ello limita y empobrece el nivel de procesamiento psíquico, aquí aparecen las sensaciones corporales, que intentarán liberar el incremento tensional y funcionan como defensa ante la organización psíquica.
El paciente “no habla de su cuerpo, pero “habla con su cuerpo”.
Sobreadaptado o actuador en la que se idealiza siempre la descarga.
En este tipo de patología, los afectos son difusos, indiferenciados y desestimados, reducidos muchas veces a sensaciones a las que no se logra dar un sentido.
Esta inhabilidad para verbalizar los afectos y discriminarlos, lleva también a no comprender el estado emocional de los demás, con las consecuentes dificultades comunicacionales.
Cuando ante distintos estímulos conflictivos, la respuesta es repetitiva (crisis) el individuo puede llegar a categorizar una estructura, por ejemplo responder con una modalidad psicosomática sostenida.
O sea reacciona así como única y estereotipada forma de respuesta crónica, ante cualquier tipo de estímulo traumático, con una misma configuración repetitiva... la enfermedad psicosomática.
Hay que destacar que ante la aparición de síntomas somáticos, es de suma importancia realizar un diagnóstico de la modalidad psíquica específica de cada paciente, ello nos obliga para hacer una buena medicina, trabajar en equipo.
La expresión corporal esta mas ligada a un tipo de funcionamiento psíquico más global y el discurso del paciente sobre la enfermedad corporal, no es la enfermedad misma.
El síntoma corporal puede tener una función defensiva y servir para evitar una desintegración psíquica, una psicosis o una desestructuración de la personalidad.
Como ocurre a veces con el dolor, como también poseer un significado a dilucidar, siempre dentro de un universo semántica compartido (encuadre terapéutico)
Estas estructuras psíquicas son complejas, hay que descomponerlas.
Hay 3 áreas para diferenciar, la discursiva, la expresiva y la significativa
Área discursiva: es la referida al relato del paciente, lo que nos habla acerca de su cuerpo. Incluye todas las sensaciones corporales, el relato de sus funciones y alteraciones, sus dolores, sus expresiones metafóricas (siento que me ahogo, en un actuador, no siento ahogo, en un sobreadaptado) sus interpretaciones (tengo la sensación que hay algo en el ambiente que me envenena). O sus distonías del yo (con un relato de su fatiga crónica desvitalizada).
Área expresiva: es el de las manifestaciones corporales directas que podemos constatar: taquicardia, enrojecimiento, temblores movimientos corporales o el cuadro sintomatológico organizado (crisis de asma).
En las áreas discursivas y expresivas puede actuar el médico, pero no solo, debe tener el auxilio de otros profesionales (psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras, profesores de educación física, kinesiólogos etc.)
El área significativa: es el área exclusiva del terapeuta, es donde se debe intervenir para la traducción de los posibles significados, si los hay, de sus expresiones somáticas, aquí el cuerpo es objeto de intervención; podríamos hablar del síntoma corporal como expresión lingüística de un cuerpo significado.
Es necesario también diferenciar, causalidad de significación: que se hable de algo, no quiere decir que sea ese el origen, de la patología.
La palabra del paciente no es suficiente índice para un diagnostico clínico médico.
Muchos síntomas tienen interrelación entre significación y causalidad, muchos otros, por ejemplo en el paciente psicosomático, creemos que son respuestas a fallas primarias del yo, que determinaron alteraciones en el proceso psíquico de las representaciones.
Pensamos también que un médico contemporáneo debe manejar varios modelos teóricos convergentes y entender que combinación de teorías, se da en el enfermo, para desarrollar un proceso terapéutico operativo, cuidadoso, complementario, holístico y adecuado a las posibilidades de cada paciente, mas allá de las últimas teorías permanentemente actualizadas y cambiantes de la inmunología. (Th1- th2- il4- il5- neuropéptidos).

Bibliografía:
Anziu, d: la transferencia paradojica. nouvellle revue de psychanalyse nº 12- 1995.
Bleichmar, s en los orígenes del sujeto psíquico. Amrrortu, buenos aires, 1986
Baravalle rita archivos a a de a e i c vol 30 nº 2 año 1999
Freud, el yo y el ello. Amorrortu, tomo xix.
Marty, p: psicosomática del adulto amorrortu, bs as 1992.
Daniel Cardinali y col. manual de neurofisiología 8 2201
Carl g. Jung y col. encuentro con la sombra. ed. kairos 1998.
Trabajo presentado como Director(2005-2007) del comité de educación y psicología de la Asociación de Argentina de alergia e inmunología científica.

"El servicio social y la sociedad posmoderna" por la Lic. en Servicio Social: Soledad Giuffré

La Ley 10.751: del Colegio de Asistentes Sociales y/o Trabajadores Sociales define el ejercicio profesional del Servicio Social como:
“La actividad de carácter promocional, preventivo y asistencial, destinada a la atención de carencia, desorganización y desintegración social que afectan a personas, grupos y comunidades y sus interrelaciones...La actividad profesional, por sí o en el marco de servicios institucionales y programas integrados de desarrollo social tiende al logro de una mejor calidad de vida en la población, contribuyendo a afianzar en ella un proceso socio educativo.”
El Trabajador Social interviene promoviendo las potencialidades de los hombres y busca que cada individuo se concientice de su realidad para que a partir de esto, reflexione y produzca un cambio que le brinde una mejor calidad de vida.
Su área de acción se centra en la relación que establece el hombre con su medio ambiente, es decir, sus relaciones vinculares, sus necesidades y los recursos para satisfacer las mismas. Para ello el profesional “camina” junto a la persona y su entorno -el hombre por naturaleza es social- en la búsqueda de los medios que le permitan realizarse.
Esta disciplina basa su accionar en el respeto de los derechos humanos y la justicia social, y trabaja por el cumplimiento de ello.
¿Cómo interviene esta disciplina en la sociedad posmoderna, la sociedad de consumo en la cual el capitalismo nos ha introducido? Es importante para comprender ello, conocer cuáles son las características del contexto sociocultural actual.
La realidad es que las políticas que implementa el Estado para alcanzar el bienestar de su pueblo, están subordinadas a la Política Económica, todo depende de esta. Pero la política económica actual se determina en un mundo globalizado, por lo cual la economía mundial es manejada por las grandes potencias industriales que determinan la suerte de los países menos desarrollados. A eso se suman la instauración del modelo de privatización que desliga muchas de las actividades del estado en organizaciones privados.
Vemos entonces que el estado se hace a un lado y que alcanzan protagonismos las instituciones privadas en un contexto dominado por las relaciones económicas. El capitalismo es sostenido por una economía de mercado, en la cual su equilibrio se encuentra en el juego entre oferta y demanda; la libre circulación de productos, capitales y personas se rige bajo las condiciones que establece el mercado. El mercado es el regulador por excelencia de todas las relaciones.
En este mundo consumista el hombre es cosificado a la sola condición de consumidor, los medios de comunicación masiva, a través de la publicidad, instauran los modelos a seguir, la ropa que usar, las bebidas que tomar, las marcas que usar y demás. Promueven un concepto de libertad que lo asemejan a la capacidad de consumir, es decir, se intenta convencer a la gente de que es libre quien puede adquirir lo que quiere. Se promueve el consumo por sí mismo, se idolatra la imagen y se califica a una persona por lo que tiene y no por lo que es. Se observa una completa desvalorización de la persona por su condición misma de ser humano.
Por lo expuesto anteriormente, puede decirse que los valores propuestos por el modelo de sociedad que nos toca vivir, se opone totalmente a los pilares de la disciplina y ello dificulta el accionar profesional. Las políticas sociales pierden importancia y son reducidas a políticas focalizadas coyunturales, momentáneas para palear la emergencia. Cuando el verdadero cambio se alcanza interviniendo en las causas estructurales de los problemas sociales, pero para esto “nunca hay presupuesto”. Los famosos “Planes trabajar o Jefes de familia” que fueron creados para una situación de crisis determinada, terminaron siendo un instrumento del clientelismo político para dominar a las masas en épocas de elecciones. Acciones como estas demuestran que el desarrollo social no es prioritario en este modelo de estado. Hablamos de desarrollo social cuando se alcanza un mejoramiento de la calidad de vida de la sociedad. Y para ello las personas que la conforman, tienen que gozar de amplias y constantes posibilidades de satisfacer sus necesidades y desplegar todas sus potencialidades.
A su vez nos pone a los trabajadores sociales en el desafío de crear nuevas líneas de intervención que se adecuen a cada situación particular y que permitan alcanzar la satisfacción de las necesidades. Un esfuerzo que ponga en acción la imaginación, para poder actuar con los pocos recursos con los que se cuenta y para ello es fundamental la plena participación de la gente con la cual se interviene, el esfuerzo mancomunado genera mayor fortaleza y es vital en un proceso socio educativo. Y con ello se pretende desmitificar la imagen social del trabajador social como quien “entrega una bolsa de alimentos o un par de zapatillas”, el trabajo social trasciende muchísimo esta acción, es promotor de herramientas y líneas de intervención, buscador constante de las mejores posibilidades para el bienestar el hombre.

jueves, 9 de octubre de 2008

Síntomas actuales y el padecimiento subjetivo por Lucila Martinez

Hay ciertos nombres que resuenan con insistencia en la actualidad. Bulimia, anorexia, drogadependencia, depresión… parecen ser moneda corriente. Forman parte de los llamados síntomas actuales.
Cabe preguntarnos qué es lo designan esos nombres tan insistentemente.
En principio podríamos decir que lo que nombran son modos de funcionamiento subjetivo que llevan la marca de nuestra época, modos de relación de los sujetos con la cultura y el malestar inherente a ella.
Estas modalidades de funcionamiento revelan al menos dos cuestiones. Por un lado, muestran cómo nuestra práctica clínica se encuentra atravesada por la época y los rasgos que la caracterizan. Por otro lado, evidencian que el sufrimiento subjetivo, conceptualizado como síntoma en el sentido amplio, toma distintas formas de presentación según los diferentes momentos históricos. Para ilustrar esto echemos un vistazo por lo que ha sido la relación del hombre con las sustancias embriagadoras (drogas ilegales, alcohol). Sabemos que esa relación es milenaria pero que no siempre se nombró en términos de adicción y drogadependencia. En un comienzo las sustancias eran utilizadas como un remedio, es decir, no era pensada como una patología. Recién a fines del siglo XIX, con la aparición del síndrome de abstinencia, comienza a constituirse en una problemática, aparece como un síntoma acotado entre otros. Algunos autores proponen a la actualidad como la época de la toxicomanía generalizada, del consumo generalizado y desregulado. En este brevísimo recorrido se observa que antes del siglo XIX la adicción no estaba constituida como una cuestión patológica que requiera atención.
Ahora bien, detengámonos un momento en los rasgos de la sociedad actual y el modo de funcionamiento subjetivo que la misma promueve. Nos encontramos con el avance incalculable de la ciencia, la promoción de objetos de consumo y el empuje desmedido hacia los mismos, la globalización, la tendencia a la homogeneización, la segregación, la sobrevalorización de lo nuevo y bello, la ausencia de regulación por medio de un ideal. La homogenización, la universalización de las maneras de gozar y su contracara la segregación son rasgos prominentes. Es el empuje al para todos lo mismo, eliminándose las particularidades y siendo amenazante cualquier diferencia.
Los síntomas actuales hacen del rasgo que particulariza a un sujeto el rasgo que lo constituye como identico a otro. De alli los grupos de bulímicos, anoréxicos, drogadictos, depresivos. De allí la ilusión del lazo al otro. Parece como si esos nombres los designaran como tales borrándose toda diferencia y singularidad. Estas modalidades reducen el síntoma de cada uno a un nombre homogeneizador. Parecería que se olvida que si hay algo singular, propio e inigualable es el modo en el que se configura el sufrimiento de cada uno, es el síntoma de cada quien. En la actualidad nos encontramos que estos nombres dan una identidad al costo de producir la segregación de lo singular y particular.
Los síntomas actuales nos dicen de las consecuencias de este discurso social sobre los sujetos y de las respuestas de ellos ante el mismo.
Como analistas y trabajadores de la salud mental estar a la altura de la subjetividad de esta época implica alojar estos nombres que circulan para no redoblar la segregación y rechazo que el discurso imperante genera. Alojar estos nombres para desde allí realizar una operatoria distinta a la que realiza el discurso actual.
Situar el modo en que cada uno habita ese nombre, el uso y la función que tiene para cada sujeto posibilita incluir lo más singular, posibilita ofrecer un abordaje que no deje nuevamente al sujeto borrado y universalizado. En la época del rechazo de lo diverso, en la época del rechazo al Otro, ofrecer otro Otro. Producir un lazo, a construir “Lien”.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Investigación en Psicoanálisis por Román Guibelalde

En Lien nos conciernen varios ejes, pero dos principalmente: la asistencia terapéutica, y la investigación. Ambas desde el psicoanálisis, pero con un intercambio con otros saberes.
No es nuestra intención refugiarnos en el psicoanálisis en un “silencio que es el privilegio de las verdades no discutidas” va a decir Lacan en “Variantes de la cura tipo”, sin debatir con otros para ocultar nuestros temores, nuestras dudas, nuestras incertidumbres, creyéndonos, tal vez por nuestra extraterritorialidad, inmunes a todo y a todos, asumiendo –pero cínicamente- las posturas del murciélago de la fábula. Queremos investigar en psicoanálisis, y queremos debatir con otros campos del saber. Una recomendación de Lacan es casi un imperativo: estar a la altura de la subjetividad de la época.
Como afirma Lacan en Escritos I, en “Del sujeto por fin cuestionado”, “que el psicoanálisis nació de la ciencia es cosa manifiesta. Que hubiese podido aparecer desde otro campo es inconcebible”.
El desarrollo del psicoanálisis esta indisolublemente ligado a la investigación, y obviamente que dicha investigación clínica remite inmediatamente a Freud, porque si bien el psicoanálisis es una psicoterapia –aunque no como las otras-, Freud no cesó de aconsejar a sus discípulos de analizar su furor sanandi, su furia de curar. Todo ello para que la técnica no matara la ciencia. Para que el psicoanálisis no terminara siendo una psicoterapia como las demás, porque Freud con el psicoanálisis había fundado también un método de investigación.
Ahora bien, ¿qué queremos decir con investigación en psicoanálisis?. Lacan, en el Seminario XI sostiene: “quisiera, desde ahora, evitar un malentendido. Se me dirá: de todas maneras, el psicoanálisis es una investigación. Pues bien, permítaseme enunciar, incluso para los poderes públicos, para quienes este término de investigación, desde hace algún tiempo, parece servir de shibbolet, de pretexto para unas cuantas cosas, que no me fío de dicho término. En lo que a mí respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro.”
Para investigar en psicoanálisis, es necesaria la lectura y el registro del saber acumulado sobre el mismo, de lo que lo afirma, lo interroga o lo rechaza. Ni el respeto ciego al texto, ni tampoco el desecharlo rápidamente.
Pero, si por un lado, nos apropiamos de esta acumulación de un saber que tiende a lo completo, a repetir lo ya establecido (esto es, lo necesario), investigar en psicoanálisis, es también estar a la espera de lo nuevo, de la invención, del hallazgo, de lo contingente.
En este sentido apelar a la sistematización de lo acumulado del conocimiento desde nuestra perspectiva, tiene como objetivo brindarse la oportunidad de lo asistemático de lo singular.
Privilegio del caso particular, del detalle, de lo singular sobre lo general y para todos.
En “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, Lacan dice refiriéndose a lo planteado por Freud en el caso del hombre de las ratas, y de la “clínica del detalle”: “(Freud) no tenía la omnisciencia que permite a nuestros neopracticantes poner la planificación del caso al principio del análisis. E incluso es en esa observación donde afirma con mayor fuerza el principio contrario, a saber que preferiría renunciar al equilibrio entero de su teoría antes que desconocer las más pequeñas particularidades de un caso que la pusiera en tela de juicio. Es decir que si la suma de la experiencia analítica permite desprender algunas formas generales, un análisis no progresa sino de lo particular a lo particular”.
Así, Freud, en las Conferencias de Introducción al psicoanálisis de 1915, en la 2° conferencia “Los actos fallidos” dice: “su material de observación (del psicoanálisis) lo constituyen por lo común aquellos sucesos inaparentes que las otras ciencias arrojan al costado por demasiado ínfimos, por así decir la escoria del mundo de los fenómenos”, “¿Acaso no existen cosas muy importantes que, en ciertas circunstancias y épocas, sólo pueden traslucirse por medio de indicios sumamente débiles?”. Agregando un poco después: “En el trabajo científico es más promisorio el abordaje de lo que se tiene directamente frente a si y ofrece un camino para su investigación. Si se lo hace bien en profundidad, sin supuestos ni expectativas previos, y si se tiene suerte, es posible, a consecuencia de la concatenación que une todo con todo, también lo pequeño con lo grande, que incluso un trabajo tan falto de pretensiones dé acceso al estudio de los grandes problemas”.
Investigar en psicoanálisis es, entonces, lo contrario a buscar dogmáticamente confirmar, por ejemplo, una teoría, un presupuesto. Igualmente en relación a la clínica, recordemos que Lacan nos decía que no tenemos que hacer del diván un lecho de Procusto, aquel famoso posadero del Atica. Eso exige un esfuerzo, el de que el investigador se autorice a saber más allá de lo que sabe.
Por eso la investigación en psicoanálisis no puede partir de clases ordenadas del saber constituido, sino que su punto de partida es un impasse en el saber, o al menos una auténtica pregunta de investigación.
Se espera que no sea la acumulación erudita de un saber que cierre las preguntas. Sino una caída del saber supuesto sobre un tema, y el deseo de saber aquello sobre lo que nuestro saber constituido no responde, para no reducir lo inédito y nuevo, a lo ya sabido. Se trata de hacer una lectura de lo nuevo, pero no desde lo viejo. Igualmente sabemos que es algo difícil de soportar sostenerse en una pregunta sin precipitarse a cerrarla con lo sabido. Pero esa es nuestra apuesta.

El Psicoanálisis en un servicio de Neonatología por Andrea Botas

Me interesa compartir con ustedes mi labor en un servicio de neonatología perteneciente a una clínica de la ciudad de Junin.
En la actualidad, la medicina puede realizar ciertas intervenciones en el cuerpo –antes del nacimiento o en los primeros momentos de la vida- que introducen en la realidad problemas hasta ahora inéditos. Algunos de ellos parecen sobrepasar los límites de lo representable. Por este motivo, el psicoanálisis puede ser convocado con urgencia. Y en este punto si puede ayudar a algo es a pensar lo nuevo.
El psicoanálisis se orienta en un punto opuesto a aquel en que se apoyan los avances técnicos producidos por la medicina: frente al universal al que se refiere la medicina, el psicoanálisis opera a partir del sujeto tomado como excepción.
Frente al problema del niño prematuro, enfermo al nacer, que necesita cuidados intensivos al nacer (asistencia respiratoria, tratamiento analgésico, etc.), el psicoanálisis puede servir de ayuda para ubicar, caso por caso, el acto mediante el cual el sujeto en tales situaciones extremas realiza su asunción.
Sería preciso discutir el problema de las malformaciones que son diagnosticadas por ultrasonido o descubiertas en el momento del nacimiento y sus posibilidades de intervención quirúrgica. Malformaciones faciales o malformaciones urinarias o ano-rectales, y de sus repercusiones (del lat. repercutere: cambiar de dirección un cuerpo al chocar con otro) sobre el devenir del sujeto.
Primer viñeta clínica: un bebé prematuro que luego de serias complicaciones que incluyen sangrados recurrentes que no se pueden controlar se plantea como una posible solución la amputación de una mano. El servicio pide el consentimiento a los padres. Aparece una demanda desde el médico para trabajar con los padres sobre el mismo. La angustia aparece no sin algunas preguntas.”Es tan chiquita, está enterita, ¿y nosotros le vamos a hacer ésto?”.”Sabemos que es para que se mejore pero ¿y si le cortamos la manito y no alcanza? “¿Hasta dónde?” “y si se necesita seguir cortando?”. A los días se evalúa la posibilidad de reiterar el procedimiento anterior. Seguido a ésto, días más tarde fallece.
Desde el discurso médico el cuerpo humano es el organismo viviente; aquello que es mensurable y cuantificable. Con los aportes del discurso psicoanalítico, el cuerpo es un concepto que incluye tres registros. No se restringe a su imagen especular -registro imaginario- sino que intenta dilucidar su articulación simbólica en tanto cuerpo afectado por el lenguaje y su vertiente real, al tratarse de una superficie con zonas erógenas que señalan un recorrido pulsional. Es un cuerpo que goza y que adviene a condición de que se efectúen una serie de operaciones. Hay una ruptura epistemológica entre el “cuerpo que somos y el cuerpo que tenemos”.El sujeto tiene una relación de tener con el cuerpo.
El cuerpo en su vertiente imaginaria aparece como una imagen unificante, ¿de qué modo puede incidir en el cuerpo la fragmentación de esta unidad realizada por una operación quirúrgica?.
J. Lacan ubica la angustia como “miedo de nuestro cuerpo”. Es precisamente algo que irrumpe en el cuerpo. Los semiólogos han estudiado que en los dibujos animados las modificaciones del cuerpo (aplastamientos, rupturas, fraccionamiento) producen risas y no horror. Descubren que esto se debe a que no hay ni derramamiento de sangre ni imagen del interior del cuerpo y sus vísceras. Es algo enmarcado en que hay inmediata restitución al estado anterior. La conclusión es que siempre se mantiene la unidad de las imágenes aún cuando hay fragmentación en pequeñas partes. Sostengo la necesidad de seguir investigando aquello que en el actuar médico fractura (mutila?) o mantiene esa unidad (amputa?); unidad que evita el horror y la angustia.
Un artículo: “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte” por el Dr. Carlos G. del Bosco. Dice: “me refiero a situaciones en las que enfermos que están obviamente más allá de cualquier posibilidad de curación, son o persisten internados en estas salas, sometidos a procedimientos dolorosos, en soledad, intubados o traqueostomizados, con su sueño interrumpido y su privacidad violentada. Todo esto, sólo para morir pocos días después, luego de una agonía que creo no ha sido todavía reconocida en toda su crueldad por la cultura médica y por la sociedad en general….Oscuras motivaciones impulsan a generar una grotesca simulación del arte de curar. Estas patéticas equivocaciones, repetidas incesantemente como parte de un ritual, hacen que no podamos preguntarnos sobre los por qué….Ante la muerte igualadora….nuestro empecinamiento para evitarla de cualquier forma”.El psicoanalista Juan Criscaut alerta con respecto al traspaso de los límites del ideal de curar y el ingreso en el terreno de la crueldad, definido por él como encarnizamiento médico.
Segunda viñeta clínica: un matrimonio fueron padres de trillizos. C, P y V (dos nenas y un nene) al nacer prematuros quedan internados. Antes de nacer se observó que C por su posición en el útero iba a contar con ciertas complicaciones; complicaciones que se hacían previsibles. A los tres días siendo “C la complicada” –según palabras de la madre- P comienza con un sangrado en el estómago que al no poderlo detener muere en horas. Durante el entierro de P, C produce un sangrado en el pulmón y en horas muere. Hubo dos entrevistas. La primera con la madre y la segunda con la madre y el padre.1º) “Vine porque cada vez se me hace más difícil entrar a ver a V…entro y las veo. Cuando el médico se me acerca para decirme algo de V, no lo puedo escuchar….antes cuando me hablaba era sobre ellas nunca tenía que nombrar a V porque no tenía nada”.Durante la entrevista se nombra como “mamá de trillizos” o “mamá de las mellizas”. Agrega: “para mi están los tres juntos, no los puedo despegar!”.2º) La madre relata que se “sorprende” cuando alguna de las enfermeras la nombra “la mamá de V” y comienza a hablar del estado de salud de su hijo. Dice el padre: “cuando quedamos embarazados, sabía que iban a ver complicaciones. Son embarazos de riesgo….durante el embarazo yo no quería que nos hicieran regalos….(respecto a las hijas fallecidas) yo no las incorporé porque enseguida empezaron a estar mal, por las dudas no quería verlas, no quería incorporarlas….a V si lo incorporé….Yo tenía sed de hijos, no me importaba si era varón o nena; es como cuando vos querés comprar un auto. Primero querés tener un auto y a partir de que tenés uno, te fijás qué modelo”. Mientras que la madre se pregunta porqué tuvieron que nacer tres para que viva sólo uno, el padre responde que para él lo importante es que ya tienen uno.
¿Cómo abordar el problema del niño prematuro con la dificultad de pensar en su nacimiento y en el riesgo de muerte o de enfermedad?. Tanto el nacimiento como la muerte son en sí mismo irrepresentable.
El malestar aparece cuando se considera al sujeto como un universal; por ej.en este caso, bebé prematuro. Francois Ansermet, psicoanalista y psiquiatra infantil suizo, dice: “lo único que el psicoanalista puede hacer en estas situaciones, es crear un espacio para que el sujeto pueda plantear sus elecciones, y pueda advenir más allá de la apariencia apabullante de las determinaciones técnicas que rodean su concepción o su nacimiento. No fijar al niño a factores de riesgo o a acontecimientos traumáticos, sino trabajar para abrir un espacio más allá del aspecto apremiante de lo que ha marcado su llegada al mundo”. Cada vez que uno se confronta a la cuestión de la anticipación del sujeto, uno se dirige hacia lo imprevisible. La tarea de un psicoanalista es la de reintroducir esta imprevisibilidad allí donde todo parece demasiado determinado.
Al decir de Eric Laurent se trata de una práctica de lo imprevisible que interroga el modo de nuestra acción, cuando ya no se puede producir efecto de sentido; no se puede producir sobre el niño que va a venir (aunque uno lo produzca, sin embargo cuando se dirige a los padres).
En estas situaciones no se está en la retroacción, se está en la sorpresa. Dice F.Ansermet: “tenemos la impresión de estar frente a una distorsión temporal, a un efecto de extrañeza, a un efecto de báscula que justamente nos hace intervenir de soslayo….como no tenemos acceso al tiempo, se crea un espacio discursivo abierto a una posible respuesta, con relación a la cual nada se puede inducir.”
Esta respuesta de soslayo se opone a las corrientes ligadas a las interacciones madre-niño. Entre ellas se encuentra la Teoría del apego de J.Bowlby. En esta dirección se escuchan a enfermeras y médicos: “si la mamá está bien, el bebé va a estar bien”.
Allí donde se parte de una modalidad dual, recíproca, J.Lacan, incorpora entre ellos, el falo como un tercer elemento.
J.A.Miller en “El niño, entre la mujer y la madre” sostiene no sólo la importancia de la función del padre cuya incidencia sobre el Deseo de la Madre es necesaria para permitirle al sujeto un acceso normalizado a su posición sexuada. Sino que es necesario también que el niño no sature la falta en que sostiene su deseo. Que el niño no sólo colme, que divida es esencial.
Por último, Lacan señala que se trata de un deseo que no sea anónimo. Lo que se destaca aquí es lo particular del deseo tanto de la madre como del padre. Es la particularidad que pone de relieve lo que Lacan llamó “humanizar el deseo”.Humanizar el deseo implica que el deseo no puede ser anónimo, ni universal, ni puro, no puede ser el deseo del “se desea”.Es necesario una presencia que lo encarne.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
-Juan J. Criscaut, “Interconsulta y encarnizamiento médico”. Rev.El Caldero.nro.38.Dic.95´.
-C.G del Bosco, “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte”.Diario Página 12.Agosto 1994.
- J.A.Miller, “Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo”.Ed.Diva.
- Francois Ansermet, “¿De qué sufren los niños en neonatología?” EL NIÑO 1.Revista del Instituto del Campo Freudiano.
- E.Laurent, F.Ansermet, B.Nominé, J.Matet, C.Vigano, E.Solano, Mesa redonda en Lausanne: “La atribución real del cuerpo, entre ciencia y psicoanálisis”.2005.
- J.Lacan, Seminario 4.Ed.Paidos.
- J.A.Miller, “El niño entre la mujer y la madre”.Rev. Virtualia.no.13.Junio/julio2005.

Un poco más sobre Lien... por Evangelina Roncaglia

En esta oportunidad me apoyaré en lo que hemos denominado departamento de Pedagogía y Psicoanálisis.
Desde la pedagogía se plantea las relaciones que se mantienen con el saber, los deseos que se sostiene en el aprender y el deseo de transmisión.
El psicoanálisis bien puede responder a este “juego de deseos”, que se despliegan en un supuesto deseo de saber en el alumno, de la finalidad de ser un representante del saber y un transmisor de ese saber en el alumno, que sigue siendo en definitiva una problemática en la relación docente-alumno.
Desde el psicoanálisis nos preguntamos cuál es el deseo o el rechazo al saber de un sujeto, qué inhibiciones se despliegan en el aprender, cuál es la relación con su maestro y el saber de éste ultimo en juego.
Así aparecen diferentes modalidades que conllevan en diferentes momentos a obstáculos del aprender, generándose así, un fracaso escolar, una inhibición, un problema de aprendizaje, etc. En consecuencia, no hace más que colocar al niño en una posición donde quedará capturado, rechazado y hasta destruido este deseo por aprender.
Es decir, nos encontramos ante un deseo que parte del alumno que aprende y un deseo de enseñar que parte desde el maestro. De allí el interés del psicoanálisis para intervenir en los “fracasos” de estas modalidades del deseo. Estas modalidades aparecen como un enigma a descifrar, pero no desde una intervención universal, sino desde lo singular de cada niño.
A la inversa, si la institución escuela es el lugar donde los maestros encarnan, están investidos del deseo de enseñar, posibilitará en el niño que se apropie del deseo de aprender. La intención no es responder con certezas sino generar preguntas que posibiliten otras nuevas formas de aprender.
Jean-Claude Filloux en el texto “Campo pedagógico y psicoanálisis” nos dice: “Si una de las funciones de la escuela es “hacer funcionar” el deseo de aprender que se constituyó en el niño, permitir el desarrollo de sus capacidades intelectuales, iniciarlo en una cultura, desde este punto de vista podemos considerarla como un agente potencial de la sublimación” (pág. 33).

"El globo de la globalización" por Mónica Codega

La propaganda mediática sobre “diagnósticos psíquicos” basados en sensaciones de malestar, es cotidiana. La causa del malestar varía y abarca desde la desigualdad social, hasta los accidentes de tránsito, el acoso laboral, los malos tratos del esposo, los hijos que parten del hogar, etc.
La estadística, como prueba científica, mide la validez del diagnóstico en cuestión: publica un periódico de Buenos Aires en enero de 2006 que la O.I.T. calcula que en Europa el fenómeno de acoso moral laboral afectó a más de 13 millones de personas.
El profesor norteamericano Andrew Lakoff (1) investigó cómo las campañas informativas propician la interpretación de que los trastornos de ansiedad aumentan de manera notable por la crisis económica y esta interpretación constituye la mejor vía para el uso de ansiolíticos y antidepresivos. En su estudio Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, constató que para la época del “corralito” (2), debido al pánico por perder los dólares, algún laboratorio parece haber hecho suculentos dividendos.
Se trata del ya antiguo mecanismo mercantil de oferta-demanda. No basta con divulgar que las pastillas calman la ansiedad, la depresión o el pánico. Es necesario que esas palabras (“ansiedad”, “depresión”, “pánico”) sean parte del idioma hablado por los ciudadanos con derecho a estar informados de los nuevos avances científicos sobre las enfermedades mentales.
A su vez, la investigación concluye que, debido a que las explicaciones psicoanalíticas acerca de la causa de la enfermedad mental son muy fuertes en la Argentina, algunos medicamentos tienen un desempeño mediocre en el mercado local.

Las causas
Las políticas de la salud mental, el acceso a los psicofármacos, la forma de administrar las llamadas prestaciones de psicólogos y psiquiatras en Obras Sociales y prepagas están orientadas por la concepción de enfermedad mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, en su documento Mental Health: New understanding, new hope, ubica las causas de la enfermedad mental en la calidad de vida que impone el mundo actual y en los flagelos a los que se ve expuesta la humanidad (discriminación, HIV, pobreza).
Esta concepción omite los desarrollos históricos y actuales de la psiquiatría y el psicoanálisis respecto de lo que es mental. Y, de paso, elude mencionar que el mundo actual no genera enfermos mentales sino personas en la miseria, discriminados y muertos de hambre.

Calidad de vida-Calidad de exportación
Así como las vacas, los futbolistas o los escritores del siglo pasado, los psicoanalistas tuvieron en nuestro país calidad de exportación. La práctica en la atención de la salud mental, por ejemplo, es un recurso propio que presenta antecedentes desde 1827.
Ya a fines de 1800 y principios de 1900, mientras en otros lugares del mundo se desarrollaban técnicas de medición estadística de categorías mentales para los tests, en la Argentina se ejercía la medicina moral, como entonces se solía mencionar a la psicoterapia.
Como en tantos otros aspectos, la globalización alteró los recursos nacionales e inclinó a la psiquiatría a pasar de ser la encargada de entender o explicar la enfermedad mental, hacia la metáfora consumista de la vida. Por eso, al servicio de la mejor calidad de vida, hoy trabaja una parte de la psiquiatría indicando qué psicofármacos consumir para mínimos desajustes o trastornos graves. Pero la base empírica de ese proceder no responde a ningún corpus teórico o en el mejor de los casos responde a una epistemología arcaica de la mente.
Los psicoanalistas del Campo Freudiano destacan que la clasificación de los desajustes llegó a tal punto que los diagnósticos psicopatológicos parecen meras respuestas a la farmacopea. Y en numerosos casos, esta intervención cronifica los cuadros, genera adicción, malgasta recursos y, ante todo, no resuelve el problema.
Otra de las causas por las que se llega a esta situación es la ineficacia de las psicoterapias que, al ser producto del eclecticismo acomodaticio, el sentido común y las modas alternativas, empujan a los pacientes a los brazos del psicofármaco.
Es común que los psicoterapeutas usen la idea de que algo psíquico causa el malestar humano. También que resalten la importancia de los complejos familiares, el sentido de los síntomas o su beneficio secundario y la responsabilidad que compete al sujeto angustiado, pero rechacen el método que justifica la efectividad del descubrimiento freudiano. De este modo, también este procedimiento es conceptualmente ambiguo.

Bart y Homero
“¿Qué es la mente?, ¿es algo real?”, pregunta Bart a su padre Homero en un viejo capítulo de Los Simpson.
Retomando la trayectoria que se inauguró al separar lo mental de la medicina general y crear en Buenos Aires los centros de salud mental, no está de más reconsiderar a qué llamamos mental en la actualidad y a qué principios conceptuales responde nuestra práctica cotidiana. Y, de paso, clarificar qué método es el más congruente y eficaz para tratar la enfermedad para la que se disponen los recursos.
La presencia de psicoanalistas en los centros de salud mental es tradición en el país. El auge de la psicoterapia en la década del 60 y la necesidad de buscar alternativas al manicomio fueron factores importantes para la creación de estos centros. (3) Actualmente, la salud mental de la ciudad de Buenos Aires y alrededores está a cargo de psicólogos que se orientan mayormente por el psicoanálisis y realizan su práctica en consultorios públicos.
El funcionamiento de estos establecimientos fue mínimo durante la dictadura militar y en el período 85/86, los que allí trabajábamos en esas épocas, nos ocupamos (mediante documentos, actos y reuniones interminables en el Concejo Deliberante) de hacer permanecer las palabra “mental”, ya que la política del momento dictaba que debían transformarse en centros de “salud y acción comunitaria”.
Los “malpensantes” sabíamos que bajo el manto de la integración interdisciplinaria se escondía el interés de hacer desaparecer la especificidad de lo mental. Los funcionarios de turno argumentaban en contra del psicoanálisis para las clases populares y fomentaban a cambio tareas de prevención. Estos argumentos, tanto entonces como ahora, se sustentan en falsas opciones especulativas.
Dilucidar qué es mental hoy no es un problema aislado. Francois Laplantine, en su libro Antropología de la enfermedad, estudia detalladamente el pluralismo de los modelos etiológicos y terapéuticos que atraviesan la medicina y analiza los discursos que van desde la primacía del modelo epistemológico bio-médico hasta la creencia religiosa de la enfermedad como castigo.
Dicho pluralismo se manifiesta claramente en el ámbito de la administración de la salud mental. La disparidad discursiva y el malentendido son crónicos. Un ejemplo de ello es que la mayoría de los pacientes no se consideran enfermos mentales y hasta se horrorizan ante lo que ellos consideran un epíteto, a pesar de acudir por su obra social en busca de salud mental.
El río revuelto continúa. Los laboratorios pescan. La administración impone sus reglas. “¿En cuanto tiempo me curás una fobia?”, preguntaba una colega que contrata gerenciadores de salud para obras sociales y pre-pagas. A qué llamamos fobia y qué puede hacer un profesional experto por la salud mental, responde a criterios e intereses variados.
Debido a que lo mental no responde a una unidad conceptual y que –como lo ilustra la formulación por la que se inicia el novato: “la psicología no es una ciencia”–, aún hoy nos encontramos funcionando (es decir, utilizando recursos humanos, edilicios, químicos) alrededor del equívoco dual de que lo que no es físico es mental. Es común que alguien que padezca una alteración física sin causa orgánica constatada sea derivado a salud mental para que disponga de las treinta sesiones de psicología que la Prestación Médica Obligatoria (PMO) le brinda y, supuestamente, se cure de una enfermedad que no es tal.

A media luz
Como versa el proverbio médico: mal desconocido, se cura a medias. Entonces, ¿qué es lo mental? La medicina, vía la psiquiatría, fundó los diagnósticos específicos de las enfermedades mentales.
El psicoanálisis supo indagar la experiencia del sufrimiento humano y conceptualizó (y los grupos psicoanalíticos continúan haciéndolo) la relación mental-lenguaje y encontró los parámetros propios de los síntomas psíquicos que no se reducen a lo que no puede diagnosticar la medicina general ni a los enunciados dichos por las personas.
Considerar que la enfermedad mental es lo que no se ajusta a una calidad de vida global es la vía regia para que la salud mental sea simplemente una política mercantil.
No es imprescindible que los derivadores (sean médicos, docentes o familiares) conozcan las coordenadas con las que se maneja la salud mental. Tampoco se trata de hacer una crítica estéril del medicamento. Pero sí cabe cuestionarse y hacer uso de los conceptos de la labor que practicamos. Reconsiderar que lo inconsciente, en cuanto lo específicamente humano, se encuentra en la base de la cultura desde el siglo XIX: en el arte, en el lenguaje común, en el discurso político. Y que se esté a la altura de semejante fenómeno. Un recurso que hace conocer el material de que está hecho el síntoma mental, que posibilita ubicar cuál es el problema real del sufrimiento en cada quién y que permite ver que para ello, la mayoría de las veces, basta un instante.

(Versión corregida y aumentada del artículo “La mente Global”, publicado en la revista Psicolibro. Librería Paidós, julio 2004)

NOTAS
1) El periodista Pedro Lipcovich escribió sobre esta investigación en el diario Página/12 el 6 de junio de 2004. La nota abunda en información y ejemplos acerca de cómo los laboratorios, mediante prebendas, consiguen imponer el consumo de psicofármacos.

2) Medida implementada por el Ministerio de Economía argentino en diciembre de 2001, que consistió en impedir que los ahorristas dispusieran del dinero depositado en los bancos.

3) Por el plan Goldenberg se fundaron los Centro de Salud Mental que tratan de manera eficaz a miles de personas y abarcan todo el espectro de la enfermedad mental

BIBLIOGRAFIA
Balán, Jorge: Cuéntame tu vida (Editorial Planeta)
Bermann, Gregorio: La salud mental en Argentina (Editorial Paidós)
Deleule, Didier: La psicología mito científico (Editorial Anagrama)
D.S.M.IV Manual de diagnóstico
Freud, Sigmund: Obras Completas (Editorial Amorrortu)
García, Germán: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano (Editorial Argonauta)
Lacan, Jacques: “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos (Editorial Manantial)
Laurent, Eric: Psicoanálisis y salud mental.
Laplantine, Francois: Antropología de la enfermedad (Ediciones del Sol)
Miller, Jaques Alain: Introducción al método psicoanalítico (Eolia. Editorial Paidós)
Musachi, Graciela: “La cronología, nudos y redes”. Anexo al libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina.
Navarro, Vicente: Salud e imperialismo (Siglo XXI Editores)
Torres, Rubén: Mitos y realidades de las obras sociales (Ediciones Isalud)