En Lien nos conciernen varios ejes, pero dos principalmente: la asistencia terapéutica, y la investigación. Ambas desde el psicoanálisis, pero con un intercambio con otros saberes.
No es nuestra intención refugiarnos en el psicoanálisis en un “silencio que es el privilegio de las verdades no discutidas” va a decir Lacan en “Variantes de la cura tipo”, sin debatir con otros para ocultar nuestros temores, nuestras dudas, nuestras incertidumbres, creyéndonos, tal vez por nuestra extraterritorialidad, inmunes a todo y a todos, asumiendo –pero cínicamente- las posturas del murciélago de la fábula. Queremos investigar en psicoanálisis, y queremos debatir con otros campos del saber. Una recomendación de Lacan es casi un imperativo: estar a la altura de la subjetividad de la época.
Como afirma Lacan en Escritos I, en “Del sujeto por fin cuestionado”, “que el psicoanálisis nació de la ciencia es cosa manifiesta. Que hubiese podido aparecer desde otro campo es inconcebible”.
El desarrollo del psicoanálisis esta indisolublemente ligado a la investigación, y obviamente que dicha investigación clínica remite inmediatamente a Freud, porque si bien el psicoanálisis es una psicoterapia –aunque no como las otras-, Freud no cesó de aconsejar a sus discípulos de analizar su furor sanandi, su furia de curar. Todo ello para que la técnica no matara la ciencia. Para que el psicoanálisis no terminara siendo una psicoterapia como las demás, porque Freud con el psicoanálisis había fundado también un método de investigación.
Ahora bien, ¿qué queremos decir con investigación en psicoanálisis?. Lacan, en el Seminario XI sostiene: “quisiera, desde ahora, evitar un malentendido. Se me dirá: de todas maneras, el psicoanálisis es una investigación. Pues bien, permítaseme enunciar, incluso para los poderes públicos, para quienes este término de investigación, desde hace algún tiempo, parece servir de shibbolet, de pretexto para unas cuantas cosas, que no me fío de dicho término. En lo que a mí respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro.”
Para investigar en psicoanálisis, es necesaria la lectura y el registro del saber acumulado sobre el mismo, de lo que lo afirma, lo interroga o lo rechaza. Ni el respeto ciego al texto, ni tampoco el desecharlo rápidamente.
Pero, si por un lado, nos apropiamos de esta acumulación de un saber que tiende a lo completo, a repetir lo ya establecido (esto es, lo necesario), investigar en psicoanálisis, es también estar a la espera de lo nuevo, de la invención, del hallazgo, de lo contingente.
En este sentido apelar a la sistematización de lo acumulado del conocimiento desde nuestra perspectiva, tiene como objetivo brindarse la oportunidad de lo asistemático de lo singular.
Privilegio del caso particular, del detalle, de lo singular sobre lo general y para todos.
En “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, Lacan dice refiriéndose a lo planteado por Freud en el caso del hombre de las ratas, y de la “clínica del detalle”: “(Freud) no tenía la omnisciencia que permite a nuestros neopracticantes poner la planificación del caso al principio del análisis. E incluso es en esa observación donde afirma con mayor fuerza el principio contrario, a saber que preferiría renunciar al equilibrio entero de su teoría antes que desconocer las más pequeñas particularidades de un caso que la pusiera en tela de juicio. Es decir que si la suma de la experiencia analítica permite desprender algunas formas generales, un análisis no progresa sino de lo particular a lo particular”.
Así, Freud, en las Conferencias de Introducción al psicoanálisis de 1915, en la 2° conferencia “Los actos fallidos” dice: “su material de observación (del psicoanálisis) lo constituyen por lo común aquellos sucesos inaparentes que las otras ciencias arrojan al costado por demasiado ínfimos, por así decir la escoria del mundo de los fenómenos”, “¿Acaso no existen cosas muy importantes que, en ciertas circunstancias y épocas, sólo pueden traslucirse por medio de indicios sumamente débiles?”. Agregando un poco después: “En el trabajo científico es más promisorio el abordaje de lo que se tiene directamente frente a si y ofrece un camino para su investigación. Si se lo hace bien en profundidad, sin supuestos ni expectativas previos, y si se tiene suerte, es posible, a consecuencia de la concatenación que une todo con todo, también lo pequeño con lo grande, que incluso un trabajo tan falto de pretensiones dé acceso al estudio de los grandes problemas”.
Investigar en psicoanálisis es, entonces, lo contrario a buscar dogmáticamente confirmar, por ejemplo, una teoría, un presupuesto. Igualmente en relación a la clínica, recordemos que Lacan nos decía que no tenemos que hacer del diván un lecho de Procusto, aquel famoso posadero del Atica. Eso exige un esfuerzo, el de que el investigador se autorice a saber más allá de lo que sabe.
Por eso la investigación en psicoanálisis no puede partir de clases ordenadas del saber constituido, sino que su punto de partida es un impasse en el saber, o al menos una auténtica pregunta de investigación.
Se espera que no sea la acumulación erudita de un saber que cierre las preguntas. Sino una caída del saber supuesto sobre un tema, y el deseo de saber aquello sobre lo que nuestro saber constituido no responde, para no reducir lo inédito y nuevo, a lo ya sabido. Se trata de hacer una lectura de lo nuevo, pero no desde lo viejo. Igualmente sabemos que es algo difícil de soportar sostenerse en una pregunta sin precipitarse a cerrarla con lo sabido. Pero esa es nuestra apuesta.
viernes, 19 de septiembre de 2008
El Psicoanálisis en un servicio de Neonatología por Andrea Botas
Me interesa compartir con ustedes mi labor en un servicio de neonatología perteneciente a una clínica de la ciudad de Junin.
En la actualidad, la medicina puede realizar ciertas intervenciones en el cuerpo –antes del nacimiento o en los primeros momentos de la vida- que introducen en la realidad problemas hasta ahora inéditos. Algunos de ellos parecen sobrepasar los límites de lo representable. Por este motivo, el psicoanálisis puede ser convocado con urgencia. Y en este punto si puede ayudar a algo es a pensar lo nuevo.
El psicoanálisis se orienta en un punto opuesto a aquel en que se apoyan los avances técnicos producidos por la medicina: frente al universal al que se refiere la medicina, el psicoanálisis opera a partir del sujeto tomado como excepción.
Frente al problema del niño prematuro, enfermo al nacer, que necesita cuidados intensivos al nacer (asistencia respiratoria, tratamiento analgésico, etc.), el psicoanálisis puede servir de ayuda para ubicar, caso por caso, el acto mediante el cual el sujeto en tales situaciones extremas realiza su asunción.
Sería preciso discutir el problema de las malformaciones que son diagnosticadas por ultrasonido o descubiertas en el momento del nacimiento y sus posibilidades de intervención quirúrgica. Malformaciones faciales o malformaciones urinarias o ano-rectales, y de sus repercusiones (del lat. repercutere: cambiar de dirección un cuerpo al chocar con otro) sobre el devenir del sujeto.
Primer viñeta clínica: un bebé prematuro que luego de serias complicaciones que incluyen sangrados recurrentes que no se pueden controlar se plantea como una posible solución la amputación de una mano. El servicio pide el consentimiento a los padres. Aparece una demanda desde el médico para trabajar con los padres sobre el mismo. La angustia aparece no sin algunas preguntas.”Es tan chiquita, está enterita, ¿y nosotros le vamos a hacer ésto?”.”Sabemos que es para que se mejore pero ¿y si le cortamos la manito y no alcanza? “¿Hasta dónde?” “y si se necesita seguir cortando?”. A los días se evalúa la posibilidad de reiterar el procedimiento anterior. Seguido a ésto, días más tarde fallece.
Desde el discurso médico el cuerpo humano es el organismo viviente; aquello que es mensurable y cuantificable. Con los aportes del discurso psicoanalítico, el cuerpo es un concepto que incluye tres registros. No se restringe a su imagen especular -registro imaginario- sino que intenta dilucidar su articulación simbólica en tanto cuerpo afectado por el lenguaje y su vertiente real, al tratarse de una superficie con zonas erógenas que señalan un recorrido pulsional. Es un cuerpo que goza y que adviene a condición de que se efectúen una serie de operaciones. Hay una ruptura epistemológica entre el “cuerpo que somos y el cuerpo que tenemos”.El sujeto tiene una relación de tener con el cuerpo.
El cuerpo en su vertiente imaginaria aparece como una imagen unificante, ¿de qué modo puede incidir en el cuerpo la fragmentación de esta unidad realizada por una operación quirúrgica?.
J. Lacan ubica la angustia como “miedo de nuestro cuerpo”. Es precisamente algo que irrumpe en el cuerpo. Los semiólogos han estudiado que en los dibujos animados las modificaciones del cuerpo (aplastamientos, rupturas, fraccionamiento) producen risas y no horror. Descubren que esto se debe a que no hay ni derramamiento de sangre ni imagen del interior del cuerpo y sus vísceras. Es algo enmarcado en que hay inmediata restitución al estado anterior. La conclusión es que siempre se mantiene la unidad de las imágenes aún cuando hay fragmentación en pequeñas partes. Sostengo la necesidad de seguir investigando aquello que en el actuar médico fractura (mutila?) o mantiene esa unidad (amputa?); unidad que evita el horror y la angustia.
Un artículo: “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte” por el Dr. Carlos G. del Bosco. Dice: “me refiero a situaciones en las que enfermos que están obviamente más allá de cualquier posibilidad de curación, son o persisten internados en estas salas, sometidos a procedimientos dolorosos, en soledad, intubados o traqueostomizados, con su sueño interrumpido y su privacidad violentada. Todo esto, sólo para morir pocos días después, luego de una agonía que creo no ha sido todavía reconocida en toda su crueldad por la cultura médica y por la sociedad en general….Oscuras motivaciones impulsan a generar una grotesca simulación del arte de curar. Estas patéticas equivocaciones, repetidas incesantemente como parte de un ritual, hacen que no podamos preguntarnos sobre los por qué….Ante la muerte igualadora….nuestro empecinamiento para evitarla de cualquier forma”.El psicoanalista Juan Criscaut alerta con respecto al traspaso de los límites del ideal de curar y el ingreso en el terreno de la crueldad, definido por él como encarnizamiento médico.
Segunda viñeta clínica: un matrimonio fueron padres de trillizos. C, P y V (dos nenas y un nene) al nacer prematuros quedan internados. Antes de nacer se observó que C por su posición en el útero iba a contar con ciertas complicaciones; complicaciones que se hacían previsibles. A los tres días siendo “C la complicada” –según palabras de la madre- P comienza con un sangrado en el estómago que al no poderlo detener muere en horas. Durante el entierro de P, C produce un sangrado en el pulmón y en horas muere. Hubo dos entrevistas. La primera con la madre y la segunda con la madre y el padre.1º) “Vine porque cada vez se me hace más difícil entrar a ver a V…entro y las veo. Cuando el médico se me acerca para decirme algo de V, no lo puedo escuchar….antes cuando me hablaba era sobre ellas nunca tenía que nombrar a V porque no tenía nada”.Durante la entrevista se nombra como “mamá de trillizos” o “mamá de las mellizas”. Agrega: “para mi están los tres juntos, no los puedo despegar!”.2º) La madre relata que se “sorprende” cuando alguna de las enfermeras la nombra “la mamá de V” y comienza a hablar del estado de salud de su hijo. Dice el padre: “cuando quedamos embarazados, sabía que iban a ver complicaciones. Son embarazos de riesgo….durante el embarazo yo no quería que nos hicieran regalos….(respecto a las hijas fallecidas) yo no las incorporé porque enseguida empezaron a estar mal, por las dudas no quería verlas, no quería incorporarlas….a V si lo incorporé….Yo tenía sed de hijos, no me importaba si era varón o nena; es como cuando vos querés comprar un auto. Primero querés tener un auto y a partir de que tenés uno, te fijás qué modelo”. Mientras que la madre se pregunta porqué tuvieron que nacer tres para que viva sólo uno, el padre responde que para él lo importante es que ya tienen uno.
¿Cómo abordar el problema del niño prematuro con la dificultad de pensar en su nacimiento y en el riesgo de muerte o de enfermedad?. Tanto el nacimiento como la muerte son en sí mismo irrepresentable.
El malestar aparece cuando se considera al sujeto como un universal; por ej.en este caso, bebé prematuro. Francois Ansermet, psicoanalista y psiquiatra infantil suizo, dice: “lo único que el psicoanalista puede hacer en estas situaciones, es crear un espacio para que el sujeto pueda plantear sus elecciones, y pueda advenir más allá de la apariencia apabullante de las determinaciones técnicas que rodean su concepción o su nacimiento. No fijar al niño a factores de riesgo o a acontecimientos traumáticos, sino trabajar para abrir un espacio más allá del aspecto apremiante de lo que ha marcado su llegada al mundo”. Cada vez que uno se confronta a la cuestión de la anticipación del sujeto, uno se dirige hacia lo imprevisible. La tarea de un psicoanalista es la de reintroducir esta imprevisibilidad allí donde todo parece demasiado determinado.
Al decir de Eric Laurent se trata de una práctica de lo imprevisible que interroga el modo de nuestra acción, cuando ya no se puede producir efecto de sentido; no se puede producir sobre el niño que va a venir (aunque uno lo produzca, sin embargo cuando se dirige a los padres).
En estas situaciones no se está en la retroacción, se está en la sorpresa. Dice F.Ansermet: “tenemos la impresión de estar frente a una distorsión temporal, a un efecto de extrañeza, a un efecto de báscula que justamente nos hace intervenir de soslayo….como no tenemos acceso al tiempo, se crea un espacio discursivo abierto a una posible respuesta, con relación a la cual nada se puede inducir.”
Esta respuesta de soslayo se opone a las corrientes ligadas a las interacciones madre-niño. Entre ellas se encuentra la Teoría del apego de J.Bowlby. En esta dirección se escuchan a enfermeras y médicos: “si la mamá está bien, el bebé va a estar bien”.
Allí donde se parte de una modalidad dual, recíproca, J.Lacan, incorpora entre ellos, el falo como un tercer elemento.
J.A.Miller en “El niño, entre la mujer y la madre” sostiene no sólo la importancia de la función del padre cuya incidencia sobre el Deseo de la Madre es necesaria para permitirle al sujeto un acceso normalizado a su posición sexuada. Sino que es necesario también que el niño no sature la falta en que sostiene su deseo. Que el niño no sólo colme, que divida es esencial.
Por último, Lacan señala que se trata de un deseo que no sea anónimo. Lo que se destaca aquí es lo particular del deseo tanto de la madre como del padre. Es la particularidad que pone de relieve lo que Lacan llamó “humanizar el deseo”.Humanizar el deseo implica que el deseo no puede ser anónimo, ni universal, ni puro, no puede ser el deseo del “se desea”.Es necesario una presencia que lo encarne.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
-Juan J. Criscaut, “Interconsulta y encarnizamiento médico”. Rev.El Caldero.nro.38.Dic.95´.
-C.G del Bosco, “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte”.Diario Página 12.Agosto 1994.
- J.A.Miller, “Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo”.Ed.Diva.
- Francois Ansermet, “¿De qué sufren los niños en neonatología?” EL NIÑO 1.Revista del Instituto del Campo Freudiano.
- E.Laurent, F.Ansermet, B.Nominé, J.Matet, C.Vigano, E.Solano, Mesa redonda en Lausanne: “La atribución real del cuerpo, entre ciencia y psicoanálisis”.2005.
- J.Lacan, Seminario 4.Ed.Paidos.
- J.A.Miller, “El niño entre la mujer y la madre”.Rev. Virtualia.no.13.Junio/julio2005.
En la actualidad, la medicina puede realizar ciertas intervenciones en el cuerpo –antes del nacimiento o en los primeros momentos de la vida- que introducen en la realidad problemas hasta ahora inéditos. Algunos de ellos parecen sobrepasar los límites de lo representable. Por este motivo, el psicoanálisis puede ser convocado con urgencia. Y en este punto si puede ayudar a algo es a pensar lo nuevo.
El psicoanálisis se orienta en un punto opuesto a aquel en que se apoyan los avances técnicos producidos por la medicina: frente al universal al que se refiere la medicina, el psicoanálisis opera a partir del sujeto tomado como excepción.
Frente al problema del niño prematuro, enfermo al nacer, que necesita cuidados intensivos al nacer (asistencia respiratoria, tratamiento analgésico, etc.), el psicoanálisis puede servir de ayuda para ubicar, caso por caso, el acto mediante el cual el sujeto en tales situaciones extremas realiza su asunción.
Sería preciso discutir el problema de las malformaciones que son diagnosticadas por ultrasonido o descubiertas en el momento del nacimiento y sus posibilidades de intervención quirúrgica. Malformaciones faciales o malformaciones urinarias o ano-rectales, y de sus repercusiones (del lat. repercutere: cambiar de dirección un cuerpo al chocar con otro) sobre el devenir del sujeto.
Primer viñeta clínica: un bebé prematuro que luego de serias complicaciones que incluyen sangrados recurrentes que no se pueden controlar se plantea como una posible solución la amputación de una mano. El servicio pide el consentimiento a los padres. Aparece una demanda desde el médico para trabajar con los padres sobre el mismo. La angustia aparece no sin algunas preguntas.”Es tan chiquita, está enterita, ¿y nosotros le vamos a hacer ésto?”.”Sabemos que es para que se mejore pero ¿y si le cortamos la manito y no alcanza? “¿Hasta dónde?” “y si se necesita seguir cortando?”. A los días se evalúa la posibilidad de reiterar el procedimiento anterior. Seguido a ésto, días más tarde fallece.
Desde el discurso médico el cuerpo humano es el organismo viviente; aquello que es mensurable y cuantificable. Con los aportes del discurso psicoanalítico, el cuerpo es un concepto que incluye tres registros. No se restringe a su imagen especular -registro imaginario- sino que intenta dilucidar su articulación simbólica en tanto cuerpo afectado por el lenguaje y su vertiente real, al tratarse de una superficie con zonas erógenas que señalan un recorrido pulsional. Es un cuerpo que goza y que adviene a condición de que se efectúen una serie de operaciones. Hay una ruptura epistemológica entre el “cuerpo que somos y el cuerpo que tenemos”.El sujeto tiene una relación de tener con el cuerpo.
El cuerpo en su vertiente imaginaria aparece como una imagen unificante, ¿de qué modo puede incidir en el cuerpo la fragmentación de esta unidad realizada por una operación quirúrgica?.
J. Lacan ubica la angustia como “miedo de nuestro cuerpo”. Es precisamente algo que irrumpe en el cuerpo. Los semiólogos han estudiado que en los dibujos animados las modificaciones del cuerpo (aplastamientos, rupturas, fraccionamiento) producen risas y no horror. Descubren que esto se debe a que no hay ni derramamiento de sangre ni imagen del interior del cuerpo y sus vísceras. Es algo enmarcado en que hay inmediata restitución al estado anterior. La conclusión es que siempre se mantiene la unidad de las imágenes aún cuando hay fragmentación en pequeñas partes. Sostengo la necesidad de seguir investigando aquello que en el actuar médico fractura (mutila?) o mantiene esa unidad (amputa?); unidad que evita el horror y la angustia.
Un artículo: “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte” por el Dr. Carlos G. del Bosco. Dice: “me refiero a situaciones en las que enfermos que están obviamente más allá de cualquier posibilidad de curación, son o persisten internados en estas salas, sometidos a procedimientos dolorosos, en soledad, intubados o traqueostomizados, con su sueño interrumpido y su privacidad violentada. Todo esto, sólo para morir pocos días después, luego de una agonía que creo no ha sido todavía reconocida en toda su crueldad por la cultura médica y por la sociedad en general….Oscuras motivaciones impulsan a generar una grotesca simulación del arte de curar. Estas patéticas equivocaciones, repetidas incesantemente como parte de un ritual, hacen que no podamos preguntarnos sobre los por qué….Ante la muerte igualadora….nuestro empecinamiento para evitarla de cualquier forma”.El psicoanalista Juan Criscaut alerta con respecto al traspaso de los límites del ideal de curar y el ingreso en el terreno de la crueldad, definido por él como encarnizamiento médico.
Segunda viñeta clínica: un matrimonio fueron padres de trillizos. C, P y V (dos nenas y un nene) al nacer prematuros quedan internados. Antes de nacer se observó que C por su posición en el útero iba a contar con ciertas complicaciones; complicaciones que se hacían previsibles. A los tres días siendo “C la complicada” –según palabras de la madre- P comienza con un sangrado en el estómago que al no poderlo detener muere en horas. Durante el entierro de P, C produce un sangrado en el pulmón y en horas muere. Hubo dos entrevistas. La primera con la madre y la segunda con la madre y el padre.1º) “Vine porque cada vez se me hace más difícil entrar a ver a V…entro y las veo. Cuando el médico se me acerca para decirme algo de V, no lo puedo escuchar….antes cuando me hablaba era sobre ellas nunca tenía que nombrar a V porque no tenía nada”.Durante la entrevista se nombra como “mamá de trillizos” o “mamá de las mellizas”. Agrega: “para mi están los tres juntos, no los puedo despegar!”.2º) La madre relata que se “sorprende” cuando alguna de las enfermeras la nombra “la mamá de V” y comienza a hablar del estado de salud de su hijo. Dice el padre: “cuando quedamos embarazados, sabía que iban a ver complicaciones. Son embarazos de riesgo….durante el embarazo yo no quería que nos hicieran regalos….(respecto a las hijas fallecidas) yo no las incorporé porque enseguida empezaron a estar mal, por las dudas no quería verlas, no quería incorporarlas….a V si lo incorporé….Yo tenía sed de hijos, no me importaba si era varón o nena; es como cuando vos querés comprar un auto. Primero querés tener un auto y a partir de que tenés uno, te fijás qué modelo”. Mientras que la madre se pregunta porqué tuvieron que nacer tres para que viva sólo uno, el padre responde que para él lo importante es que ya tienen uno.
¿Cómo abordar el problema del niño prematuro con la dificultad de pensar en su nacimiento y en el riesgo de muerte o de enfermedad?. Tanto el nacimiento como la muerte son en sí mismo irrepresentable.
El malestar aparece cuando se considera al sujeto como un universal; por ej.en este caso, bebé prematuro. Francois Ansermet, psicoanalista y psiquiatra infantil suizo, dice: “lo único que el psicoanalista puede hacer en estas situaciones, es crear un espacio para que el sujeto pueda plantear sus elecciones, y pueda advenir más allá de la apariencia apabullante de las determinaciones técnicas que rodean su concepción o su nacimiento. No fijar al niño a factores de riesgo o a acontecimientos traumáticos, sino trabajar para abrir un espacio más allá del aspecto apremiante de lo que ha marcado su llegada al mundo”. Cada vez que uno se confronta a la cuestión de la anticipación del sujeto, uno se dirige hacia lo imprevisible. La tarea de un psicoanalista es la de reintroducir esta imprevisibilidad allí donde todo parece demasiado determinado.
Al decir de Eric Laurent se trata de una práctica de lo imprevisible que interroga el modo de nuestra acción, cuando ya no se puede producir efecto de sentido; no se puede producir sobre el niño que va a venir (aunque uno lo produzca, sin embargo cuando se dirige a los padres).
En estas situaciones no se está en la retroacción, se está en la sorpresa. Dice F.Ansermet: “tenemos la impresión de estar frente a una distorsión temporal, a un efecto de extrañeza, a un efecto de báscula que justamente nos hace intervenir de soslayo….como no tenemos acceso al tiempo, se crea un espacio discursivo abierto a una posible respuesta, con relación a la cual nada se puede inducir.”
Esta respuesta de soslayo se opone a las corrientes ligadas a las interacciones madre-niño. Entre ellas se encuentra la Teoría del apego de J.Bowlby. En esta dirección se escuchan a enfermeras y médicos: “si la mamá está bien, el bebé va a estar bien”.
Allí donde se parte de una modalidad dual, recíproca, J.Lacan, incorpora entre ellos, el falo como un tercer elemento.
J.A.Miller en “El niño, entre la mujer y la madre” sostiene no sólo la importancia de la función del padre cuya incidencia sobre el Deseo de la Madre es necesaria para permitirle al sujeto un acceso normalizado a su posición sexuada. Sino que es necesario también que el niño no sature la falta en que sostiene su deseo. Que el niño no sólo colme, que divida es esencial.
Por último, Lacan señala que se trata de un deseo que no sea anónimo. Lo que se destaca aquí es lo particular del deseo tanto de la madre como del padre. Es la particularidad que pone de relieve lo que Lacan llamó “humanizar el deseo”.Humanizar el deseo implica que el deseo no puede ser anónimo, ni universal, ni puro, no puede ser el deseo del “se desea”.Es necesario una presencia que lo encarne.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
-Juan J. Criscaut, “Interconsulta y encarnizamiento médico”. Rev.El Caldero.nro.38.Dic.95´.
-C.G del Bosco, “Dilemas de la terapia intensiva. Los médicos y la muerte”.Diario Página 12.Agosto 1994.
- J.A.Miller, “Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo”.Ed.Diva.
- Francois Ansermet, “¿De qué sufren los niños en neonatología?” EL NIÑO 1.Revista del Instituto del Campo Freudiano.
- E.Laurent, F.Ansermet, B.Nominé, J.Matet, C.Vigano, E.Solano, Mesa redonda en Lausanne: “La atribución real del cuerpo, entre ciencia y psicoanálisis”.2005.
- J.Lacan, Seminario 4.Ed.Paidos.
- J.A.Miller, “El niño entre la mujer y la madre”.Rev. Virtualia.no.13.Junio/julio2005.
Un poco más sobre Lien... por Evangelina Roncaglia
En esta oportunidad me apoyaré en lo que hemos denominado departamento de Pedagogía y Psicoanálisis.
Desde la pedagogía se plantea las relaciones que se mantienen con el saber, los deseos que se sostiene en el aprender y el deseo de transmisión.
El psicoanálisis bien puede responder a este “juego de deseos”, que se despliegan en un supuesto deseo de saber en el alumno, de la finalidad de ser un representante del saber y un transmisor de ese saber en el alumno, que sigue siendo en definitiva una problemática en la relación docente-alumno.
Desde el psicoanálisis nos preguntamos cuál es el deseo o el rechazo al saber de un sujeto, qué inhibiciones se despliegan en el aprender, cuál es la relación con su maestro y el saber de éste ultimo en juego.
Así aparecen diferentes modalidades que conllevan en diferentes momentos a obstáculos del aprender, generándose así, un fracaso escolar, una inhibición, un problema de aprendizaje, etc. En consecuencia, no hace más que colocar al niño en una posición donde quedará capturado, rechazado y hasta destruido este deseo por aprender.
Es decir, nos encontramos ante un deseo que parte del alumno que aprende y un deseo de enseñar que parte desde el maestro. De allí el interés del psicoanálisis para intervenir en los “fracasos” de estas modalidades del deseo. Estas modalidades aparecen como un enigma a descifrar, pero no desde una intervención universal, sino desde lo singular de cada niño.
A la inversa, si la institución escuela es el lugar donde los maestros encarnan, están investidos del deseo de enseñar, posibilitará en el niño que se apropie del deseo de aprender. La intención no es responder con certezas sino generar preguntas que posibiliten otras nuevas formas de aprender.
Jean-Claude Filloux en el texto “Campo pedagógico y psicoanálisis” nos dice: “Si una de las funciones de la escuela es “hacer funcionar” el deseo de aprender que se constituyó en el niño, permitir el desarrollo de sus capacidades intelectuales, iniciarlo en una cultura, desde este punto de vista podemos considerarla como un agente potencial de la sublimación” (pág. 33).
Desde la pedagogía se plantea las relaciones que se mantienen con el saber, los deseos que se sostiene en el aprender y el deseo de transmisión.
El psicoanálisis bien puede responder a este “juego de deseos”, que se despliegan en un supuesto deseo de saber en el alumno, de la finalidad de ser un representante del saber y un transmisor de ese saber en el alumno, que sigue siendo en definitiva una problemática en la relación docente-alumno.
Desde el psicoanálisis nos preguntamos cuál es el deseo o el rechazo al saber de un sujeto, qué inhibiciones se despliegan en el aprender, cuál es la relación con su maestro y el saber de éste ultimo en juego.
Así aparecen diferentes modalidades que conllevan en diferentes momentos a obstáculos del aprender, generándose así, un fracaso escolar, una inhibición, un problema de aprendizaje, etc. En consecuencia, no hace más que colocar al niño en una posición donde quedará capturado, rechazado y hasta destruido este deseo por aprender.
Es decir, nos encontramos ante un deseo que parte del alumno que aprende y un deseo de enseñar que parte desde el maestro. De allí el interés del psicoanálisis para intervenir en los “fracasos” de estas modalidades del deseo. Estas modalidades aparecen como un enigma a descifrar, pero no desde una intervención universal, sino desde lo singular de cada niño.
A la inversa, si la institución escuela es el lugar donde los maestros encarnan, están investidos del deseo de enseñar, posibilitará en el niño que se apropie del deseo de aprender. La intención no es responder con certezas sino generar preguntas que posibiliten otras nuevas formas de aprender.
Jean-Claude Filloux en el texto “Campo pedagógico y psicoanálisis” nos dice: “Si una de las funciones de la escuela es “hacer funcionar” el deseo de aprender que se constituyó en el niño, permitir el desarrollo de sus capacidades intelectuales, iniciarlo en una cultura, desde este punto de vista podemos considerarla como un agente potencial de la sublimación” (pág. 33).
"El globo de la globalización" por Mónica Codega
La propaganda mediática sobre “diagnósticos psíquicos” basados en sensaciones de malestar, es cotidiana. La causa del malestar varía y abarca desde la desigualdad social, hasta los accidentes de tránsito, el acoso laboral, los malos tratos del esposo, los hijos que parten del hogar, etc.
La estadística, como prueba científica, mide la validez del diagnóstico en cuestión: publica un periódico de Buenos Aires en enero de 2006 que la O.I.T. calcula que en Europa el fenómeno de acoso moral laboral afectó a más de 13 millones de personas.
El profesor norteamericano Andrew Lakoff (1) investigó cómo las campañas informativas propician la interpretación de que los trastornos de ansiedad aumentan de manera notable por la crisis económica y esta interpretación constituye la mejor vía para el uso de ansiolíticos y antidepresivos. En su estudio Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, constató que para la época del “corralito” (2), debido al pánico por perder los dólares, algún laboratorio parece haber hecho suculentos dividendos.
Se trata del ya antiguo mecanismo mercantil de oferta-demanda. No basta con divulgar que las pastillas calman la ansiedad, la depresión o el pánico. Es necesario que esas palabras (“ansiedad”, “depresión”, “pánico”) sean parte del idioma hablado por los ciudadanos con derecho a estar informados de los nuevos avances científicos sobre las enfermedades mentales.
A su vez, la investigación concluye que, debido a que las explicaciones psicoanalíticas acerca de la causa de la enfermedad mental son muy fuertes en la Argentina, algunos medicamentos tienen un desempeño mediocre en el mercado local.
Las causas
Las políticas de la salud mental, el acceso a los psicofármacos, la forma de administrar las llamadas prestaciones de psicólogos y psiquiatras en Obras Sociales y prepagas están orientadas por la concepción de enfermedad mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, en su documento Mental Health: New understanding, new hope, ubica las causas de la enfermedad mental en la calidad de vida que impone el mundo actual y en los flagelos a los que se ve expuesta la humanidad (discriminación, HIV, pobreza).
Esta concepción omite los desarrollos históricos y actuales de la psiquiatría y el psicoanálisis respecto de lo que es mental. Y, de paso, elude mencionar que el mundo actual no genera enfermos mentales sino personas en la miseria, discriminados y muertos de hambre.
Calidad de vida-Calidad de exportación
Así como las vacas, los futbolistas o los escritores del siglo pasado, los psicoanalistas tuvieron en nuestro país calidad de exportación. La práctica en la atención de la salud mental, por ejemplo, es un recurso propio que presenta antecedentes desde 1827.
Ya a fines de 1800 y principios de 1900, mientras en otros lugares del mundo se desarrollaban técnicas de medición estadística de categorías mentales para los tests, en la Argentina se ejercía la medicina moral, como entonces se solía mencionar a la psicoterapia.
Como en tantos otros aspectos, la globalización alteró los recursos nacionales e inclinó a la psiquiatría a pasar de ser la encargada de entender o explicar la enfermedad mental, hacia la metáfora consumista de la vida. Por eso, al servicio de la mejor calidad de vida, hoy trabaja una parte de la psiquiatría indicando qué psicofármacos consumir para mínimos desajustes o trastornos graves. Pero la base empírica de ese proceder no responde a ningún corpus teórico o en el mejor de los casos responde a una epistemología arcaica de la mente.
Los psicoanalistas del Campo Freudiano destacan que la clasificación de los desajustes llegó a tal punto que los diagnósticos psicopatológicos parecen meras respuestas a la farmacopea. Y en numerosos casos, esta intervención cronifica los cuadros, genera adicción, malgasta recursos y, ante todo, no resuelve el problema.
Otra de las causas por las que se llega a esta situación es la ineficacia de las psicoterapias que, al ser producto del eclecticismo acomodaticio, el sentido común y las modas alternativas, empujan a los pacientes a los brazos del psicofármaco.
Es común que los psicoterapeutas usen la idea de que algo psíquico causa el malestar humano. También que resalten la importancia de los complejos familiares, el sentido de los síntomas o su beneficio secundario y la responsabilidad que compete al sujeto angustiado, pero rechacen el método que justifica la efectividad del descubrimiento freudiano. De este modo, también este procedimiento es conceptualmente ambiguo.
Bart y Homero
“¿Qué es la mente?, ¿es algo real?”, pregunta Bart a su padre Homero en un viejo capítulo de Los Simpson.
Retomando la trayectoria que se inauguró al separar lo mental de la medicina general y crear en Buenos Aires los centros de salud mental, no está de más reconsiderar a qué llamamos mental en la actualidad y a qué principios conceptuales responde nuestra práctica cotidiana. Y, de paso, clarificar qué método es el más congruente y eficaz para tratar la enfermedad para la que se disponen los recursos.
La presencia de psicoanalistas en los centros de salud mental es tradición en el país. El auge de la psicoterapia en la década del 60 y la necesidad de buscar alternativas al manicomio fueron factores importantes para la creación de estos centros. (3) Actualmente, la salud mental de la ciudad de Buenos Aires y alrededores está a cargo de psicólogos que se orientan mayormente por el psicoanálisis y realizan su práctica en consultorios públicos.
El funcionamiento de estos establecimientos fue mínimo durante la dictadura militar y en el período 85/86, los que allí trabajábamos en esas épocas, nos ocupamos (mediante documentos, actos y reuniones interminables en el Concejo Deliberante) de hacer permanecer las palabra “mental”, ya que la política del momento dictaba que debían transformarse en centros de “salud y acción comunitaria”.
Los “malpensantes” sabíamos que bajo el manto de la integración interdisciplinaria se escondía el interés de hacer desaparecer la especificidad de lo mental. Los funcionarios de turno argumentaban en contra del psicoanálisis para las clases populares y fomentaban a cambio tareas de prevención. Estos argumentos, tanto entonces como ahora, se sustentan en falsas opciones especulativas.
Dilucidar qué es mental hoy no es un problema aislado. Francois Laplantine, en su libro Antropología de la enfermedad, estudia detalladamente el pluralismo de los modelos etiológicos y terapéuticos que atraviesan la medicina y analiza los discursos que van desde la primacía del modelo epistemológico bio-médico hasta la creencia religiosa de la enfermedad como castigo.
Dicho pluralismo se manifiesta claramente en el ámbito de la administración de la salud mental. La disparidad discursiva y el malentendido son crónicos. Un ejemplo de ello es que la mayoría de los pacientes no se consideran enfermos mentales y hasta se horrorizan ante lo que ellos consideran un epíteto, a pesar de acudir por su obra social en busca de salud mental.
El río revuelto continúa. Los laboratorios pescan. La administración impone sus reglas. “¿En cuanto tiempo me curás una fobia?”, preguntaba una colega que contrata gerenciadores de salud para obras sociales y pre-pagas. A qué llamamos fobia y qué puede hacer un profesional experto por la salud mental, responde a criterios e intereses variados.
Debido a que lo mental no responde a una unidad conceptual y que –como lo ilustra la formulación por la que se inicia el novato: “la psicología no es una ciencia”–, aún hoy nos encontramos funcionando (es decir, utilizando recursos humanos, edilicios, químicos) alrededor del equívoco dual de que lo que no es físico es mental. Es común que alguien que padezca una alteración física sin causa orgánica constatada sea derivado a salud mental para que disponga de las treinta sesiones de psicología que la Prestación Médica Obligatoria (PMO) le brinda y, supuestamente, se cure de una enfermedad que no es tal.
A media luz
Como versa el proverbio médico: mal desconocido, se cura a medias. Entonces, ¿qué es lo mental? La medicina, vía la psiquiatría, fundó los diagnósticos específicos de las enfermedades mentales.
El psicoanálisis supo indagar la experiencia del sufrimiento humano y conceptualizó (y los grupos psicoanalíticos continúan haciéndolo) la relación mental-lenguaje y encontró los parámetros propios de los síntomas psíquicos que no se reducen a lo que no puede diagnosticar la medicina general ni a los enunciados dichos por las personas.
Considerar que la enfermedad mental es lo que no se ajusta a una calidad de vida global es la vía regia para que la salud mental sea simplemente una política mercantil.
No es imprescindible que los derivadores (sean médicos, docentes o familiares) conozcan las coordenadas con las que se maneja la salud mental. Tampoco se trata de hacer una crítica estéril del medicamento. Pero sí cabe cuestionarse y hacer uso de los conceptos de la labor que practicamos. Reconsiderar que lo inconsciente, en cuanto lo específicamente humano, se encuentra en la base de la cultura desde el siglo XIX: en el arte, en el lenguaje común, en el discurso político. Y que se esté a la altura de semejante fenómeno. Un recurso que hace conocer el material de que está hecho el síntoma mental, que posibilita ubicar cuál es el problema real del sufrimiento en cada quién y que permite ver que para ello, la mayoría de las veces, basta un instante.
(Versión corregida y aumentada del artículo “La mente Global”, publicado en la revista Psicolibro. Librería Paidós, julio 2004)
NOTAS
1) El periodista Pedro Lipcovich escribió sobre esta investigación en el diario Página/12 el 6 de junio de 2004. La nota abunda en información y ejemplos acerca de cómo los laboratorios, mediante prebendas, consiguen imponer el consumo de psicofármacos.
2) Medida implementada por el Ministerio de Economía argentino en diciembre de 2001, que consistió en impedir que los ahorristas dispusieran del dinero depositado en los bancos.
3) Por el plan Goldenberg se fundaron los Centro de Salud Mental que tratan de manera eficaz a miles de personas y abarcan todo el espectro de la enfermedad mental
BIBLIOGRAFIA
Balán, Jorge: Cuéntame tu vida (Editorial Planeta)
Bermann, Gregorio: La salud mental en Argentina (Editorial Paidós)
Deleule, Didier: La psicología mito científico (Editorial Anagrama)
D.S.M.IV Manual de diagnóstico
Freud, Sigmund: Obras Completas (Editorial Amorrortu)
García, Germán: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano (Editorial Argonauta)
Lacan, Jacques: “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos (Editorial Manantial)
Laurent, Eric: Psicoanálisis y salud mental.
Laplantine, Francois: Antropología de la enfermedad (Ediciones del Sol)
Miller, Jaques Alain: Introducción al método psicoanalítico (Eolia. Editorial Paidós)
Musachi, Graciela: “La cronología, nudos y redes”. Anexo al libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina.
Navarro, Vicente: Salud e imperialismo (Siglo XXI Editores)
Torres, Rubén: Mitos y realidades de las obras sociales (Ediciones Isalud)
La estadística, como prueba científica, mide la validez del diagnóstico en cuestión: publica un periódico de Buenos Aires en enero de 2006 que la O.I.T. calcula que en Europa el fenómeno de acoso moral laboral afectó a más de 13 millones de personas.
El profesor norteamericano Andrew Lakoff (1) investigó cómo las campañas informativas propician la interpretación de que los trastornos de ansiedad aumentan de manera notable por la crisis económica y esta interpretación constituye la mejor vía para el uso de ansiolíticos y antidepresivos. En su estudio Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, constató que para la época del “corralito” (2), debido al pánico por perder los dólares, algún laboratorio parece haber hecho suculentos dividendos.
Se trata del ya antiguo mecanismo mercantil de oferta-demanda. No basta con divulgar que las pastillas calman la ansiedad, la depresión o el pánico. Es necesario que esas palabras (“ansiedad”, “depresión”, “pánico”) sean parte del idioma hablado por los ciudadanos con derecho a estar informados de los nuevos avances científicos sobre las enfermedades mentales.
A su vez, la investigación concluye que, debido a que las explicaciones psicoanalíticas acerca de la causa de la enfermedad mental son muy fuertes en la Argentina, algunos medicamentos tienen un desempeño mediocre en el mercado local.
Las causas
Las políticas de la salud mental, el acceso a los psicofármacos, la forma de administrar las llamadas prestaciones de psicólogos y psiquiatras en Obras Sociales y prepagas están orientadas por la concepción de enfermedad mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, en su documento Mental Health: New understanding, new hope, ubica las causas de la enfermedad mental en la calidad de vida que impone el mundo actual y en los flagelos a los que se ve expuesta la humanidad (discriminación, HIV, pobreza).
Esta concepción omite los desarrollos históricos y actuales de la psiquiatría y el psicoanálisis respecto de lo que es mental. Y, de paso, elude mencionar que el mundo actual no genera enfermos mentales sino personas en la miseria, discriminados y muertos de hambre.
Calidad de vida-Calidad de exportación
Así como las vacas, los futbolistas o los escritores del siglo pasado, los psicoanalistas tuvieron en nuestro país calidad de exportación. La práctica en la atención de la salud mental, por ejemplo, es un recurso propio que presenta antecedentes desde 1827.
Ya a fines de 1800 y principios de 1900, mientras en otros lugares del mundo se desarrollaban técnicas de medición estadística de categorías mentales para los tests, en la Argentina se ejercía la medicina moral, como entonces se solía mencionar a la psicoterapia.
Como en tantos otros aspectos, la globalización alteró los recursos nacionales e inclinó a la psiquiatría a pasar de ser la encargada de entender o explicar la enfermedad mental, hacia la metáfora consumista de la vida. Por eso, al servicio de la mejor calidad de vida, hoy trabaja una parte de la psiquiatría indicando qué psicofármacos consumir para mínimos desajustes o trastornos graves. Pero la base empírica de ese proceder no responde a ningún corpus teórico o en el mejor de los casos responde a una epistemología arcaica de la mente.
Los psicoanalistas del Campo Freudiano destacan que la clasificación de los desajustes llegó a tal punto que los diagnósticos psicopatológicos parecen meras respuestas a la farmacopea. Y en numerosos casos, esta intervención cronifica los cuadros, genera adicción, malgasta recursos y, ante todo, no resuelve el problema.
Otra de las causas por las que se llega a esta situación es la ineficacia de las psicoterapias que, al ser producto del eclecticismo acomodaticio, el sentido común y las modas alternativas, empujan a los pacientes a los brazos del psicofármaco.
Es común que los psicoterapeutas usen la idea de que algo psíquico causa el malestar humano. También que resalten la importancia de los complejos familiares, el sentido de los síntomas o su beneficio secundario y la responsabilidad que compete al sujeto angustiado, pero rechacen el método que justifica la efectividad del descubrimiento freudiano. De este modo, también este procedimiento es conceptualmente ambiguo.
Bart y Homero
“¿Qué es la mente?, ¿es algo real?”, pregunta Bart a su padre Homero en un viejo capítulo de Los Simpson.
Retomando la trayectoria que se inauguró al separar lo mental de la medicina general y crear en Buenos Aires los centros de salud mental, no está de más reconsiderar a qué llamamos mental en la actualidad y a qué principios conceptuales responde nuestra práctica cotidiana. Y, de paso, clarificar qué método es el más congruente y eficaz para tratar la enfermedad para la que se disponen los recursos.
La presencia de psicoanalistas en los centros de salud mental es tradición en el país. El auge de la psicoterapia en la década del 60 y la necesidad de buscar alternativas al manicomio fueron factores importantes para la creación de estos centros. (3) Actualmente, la salud mental de la ciudad de Buenos Aires y alrededores está a cargo de psicólogos que se orientan mayormente por el psicoanálisis y realizan su práctica en consultorios públicos.
El funcionamiento de estos establecimientos fue mínimo durante la dictadura militar y en el período 85/86, los que allí trabajábamos en esas épocas, nos ocupamos (mediante documentos, actos y reuniones interminables en el Concejo Deliberante) de hacer permanecer las palabra “mental”, ya que la política del momento dictaba que debían transformarse en centros de “salud y acción comunitaria”.
Los “malpensantes” sabíamos que bajo el manto de la integración interdisciplinaria se escondía el interés de hacer desaparecer la especificidad de lo mental. Los funcionarios de turno argumentaban en contra del psicoanálisis para las clases populares y fomentaban a cambio tareas de prevención. Estos argumentos, tanto entonces como ahora, se sustentan en falsas opciones especulativas.
Dilucidar qué es mental hoy no es un problema aislado. Francois Laplantine, en su libro Antropología de la enfermedad, estudia detalladamente el pluralismo de los modelos etiológicos y terapéuticos que atraviesan la medicina y analiza los discursos que van desde la primacía del modelo epistemológico bio-médico hasta la creencia religiosa de la enfermedad como castigo.
Dicho pluralismo se manifiesta claramente en el ámbito de la administración de la salud mental. La disparidad discursiva y el malentendido son crónicos. Un ejemplo de ello es que la mayoría de los pacientes no se consideran enfermos mentales y hasta se horrorizan ante lo que ellos consideran un epíteto, a pesar de acudir por su obra social en busca de salud mental.
El río revuelto continúa. Los laboratorios pescan. La administración impone sus reglas. “¿En cuanto tiempo me curás una fobia?”, preguntaba una colega que contrata gerenciadores de salud para obras sociales y pre-pagas. A qué llamamos fobia y qué puede hacer un profesional experto por la salud mental, responde a criterios e intereses variados.
Debido a que lo mental no responde a una unidad conceptual y que –como lo ilustra la formulación por la que se inicia el novato: “la psicología no es una ciencia”–, aún hoy nos encontramos funcionando (es decir, utilizando recursos humanos, edilicios, químicos) alrededor del equívoco dual de que lo que no es físico es mental. Es común que alguien que padezca una alteración física sin causa orgánica constatada sea derivado a salud mental para que disponga de las treinta sesiones de psicología que la Prestación Médica Obligatoria (PMO) le brinda y, supuestamente, se cure de una enfermedad que no es tal.
A media luz
Como versa el proverbio médico: mal desconocido, se cura a medias. Entonces, ¿qué es lo mental? La medicina, vía la psiquiatría, fundó los diagnósticos específicos de las enfermedades mentales.
El psicoanálisis supo indagar la experiencia del sufrimiento humano y conceptualizó (y los grupos psicoanalíticos continúan haciéndolo) la relación mental-lenguaje y encontró los parámetros propios de los síntomas psíquicos que no se reducen a lo que no puede diagnosticar la medicina general ni a los enunciados dichos por las personas.
Considerar que la enfermedad mental es lo que no se ajusta a una calidad de vida global es la vía regia para que la salud mental sea simplemente una política mercantil.
No es imprescindible que los derivadores (sean médicos, docentes o familiares) conozcan las coordenadas con las que se maneja la salud mental. Tampoco se trata de hacer una crítica estéril del medicamento. Pero sí cabe cuestionarse y hacer uso de los conceptos de la labor que practicamos. Reconsiderar que lo inconsciente, en cuanto lo específicamente humano, se encuentra en la base de la cultura desde el siglo XIX: en el arte, en el lenguaje común, en el discurso político. Y que se esté a la altura de semejante fenómeno. Un recurso que hace conocer el material de que está hecho el síntoma mental, que posibilita ubicar cuál es el problema real del sufrimiento en cada quién y que permite ver que para ello, la mayoría de las veces, basta un instante.
(Versión corregida y aumentada del artículo “La mente Global”, publicado en la revista Psicolibro. Librería Paidós, julio 2004)
NOTAS
1) El periodista Pedro Lipcovich escribió sobre esta investigación en el diario Página/12 el 6 de junio de 2004. La nota abunda en información y ejemplos acerca de cómo los laboratorios, mediante prebendas, consiguen imponer el consumo de psicofármacos.
2) Medida implementada por el Ministerio de Economía argentino en diciembre de 2001, que consistió en impedir que los ahorristas dispusieran del dinero depositado en los bancos.
3) Por el plan Goldenberg se fundaron los Centro de Salud Mental que tratan de manera eficaz a miles de personas y abarcan todo el espectro de la enfermedad mental
BIBLIOGRAFIA
Balán, Jorge: Cuéntame tu vida (Editorial Planeta)
Bermann, Gregorio: La salud mental en Argentina (Editorial Paidós)
Deleule, Didier: La psicología mito científico (Editorial Anagrama)
D.S.M.IV Manual de diagnóstico
Freud, Sigmund: Obras Completas (Editorial Amorrortu)
García, Germán: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano (Editorial Argonauta)
Lacan, Jacques: “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos (Editorial Manantial)
Laurent, Eric: Psicoanálisis y salud mental.
Laplantine, Francois: Antropología de la enfermedad (Ediciones del Sol)
Miller, Jaques Alain: Introducción al método psicoanalítico (Eolia. Editorial Paidós)
Musachi, Graciela: “La cronología, nudos y redes”. Anexo al libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina.
Navarro, Vicente: Salud e imperialismo (Siglo XXI Editores)
Torres, Rubén: Mitos y realidades de las obras sociales (Ediciones Isalud)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)