viernes, 19 de septiembre de 2008

"El globo de la globalización" por Mónica Codega

La propaganda mediática sobre “diagnósticos psíquicos” basados en sensaciones de malestar, es cotidiana. La causa del malestar varía y abarca desde la desigualdad social, hasta los accidentes de tránsito, el acoso laboral, los malos tratos del esposo, los hijos que parten del hogar, etc.
La estadística, como prueba científica, mide la validez del diagnóstico en cuestión: publica un periódico de Buenos Aires en enero de 2006 que la O.I.T. calcula que en Europa el fenómeno de acoso moral laboral afectó a más de 13 millones de personas.
El profesor norteamericano Andrew Lakoff (1) investigó cómo las campañas informativas propician la interpretación de que los trastornos de ansiedad aumentan de manera notable por la crisis económica y esta interpretación constituye la mejor vía para el uso de ansiolíticos y antidepresivos. En su estudio Las ansiedades de la globalización: marketing de antidepresivos y crisis económica en la Argentina, constató que para la época del “corralito” (2), debido al pánico por perder los dólares, algún laboratorio parece haber hecho suculentos dividendos.
Se trata del ya antiguo mecanismo mercantil de oferta-demanda. No basta con divulgar que las pastillas calman la ansiedad, la depresión o el pánico. Es necesario que esas palabras (“ansiedad”, “depresión”, “pánico”) sean parte del idioma hablado por los ciudadanos con derecho a estar informados de los nuevos avances científicos sobre las enfermedades mentales.
A su vez, la investigación concluye que, debido a que las explicaciones psicoanalíticas acerca de la causa de la enfermedad mental son muy fuertes en la Argentina, algunos medicamentos tienen un desempeño mediocre en el mercado local.

Las causas
Las políticas de la salud mental, el acceso a los psicofármacos, la forma de administrar las llamadas prestaciones de psicólogos y psiquiatras en Obras Sociales y prepagas están orientadas por la concepción de enfermedad mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que, en su documento Mental Health: New understanding, new hope, ubica las causas de la enfermedad mental en la calidad de vida que impone el mundo actual y en los flagelos a los que se ve expuesta la humanidad (discriminación, HIV, pobreza).
Esta concepción omite los desarrollos históricos y actuales de la psiquiatría y el psicoanálisis respecto de lo que es mental. Y, de paso, elude mencionar que el mundo actual no genera enfermos mentales sino personas en la miseria, discriminados y muertos de hambre.

Calidad de vida-Calidad de exportación
Así como las vacas, los futbolistas o los escritores del siglo pasado, los psicoanalistas tuvieron en nuestro país calidad de exportación. La práctica en la atención de la salud mental, por ejemplo, es un recurso propio que presenta antecedentes desde 1827.
Ya a fines de 1800 y principios de 1900, mientras en otros lugares del mundo se desarrollaban técnicas de medición estadística de categorías mentales para los tests, en la Argentina se ejercía la medicina moral, como entonces se solía mencionar a la psicoterapia.
Como en tantos otros aspectos, la globalización alteró los recursos nacionales e inclinó a la psiquiatría a pasar de ser la encargada de entender o explicar la enfermedad mental, hacia la metáfora consumista de la vida. Por eso, al servicio de la mejor calidad de vida, hoy trabaja una parte de la psiquiatría indicando qué psicofármacos consumir para mínimos desajustes o trastornos graves. Pero la base empírica de ese proceder no responde a ningún corpus teórico o en el mejor de los casos responde a una epistemología arcaica de la mente.
Los psicoanalistas del Campo Freudiano destacan que la clasificación de los desajustes llegó a tal punto que los diagnósticos psicopatológicos parecen meras respuestas a la farmacopea. Y en numerosos casos, esta intervención cronifica los cuadros, genera adicción, malgasta recursos y, ante todo, no resuelve el problema.
Otra de las causas por las que se llega a esta situación es la ineficacia de las psicoterapias que, al ser producto del eclecticismo acomodaticio, el sentido común y las modas alternativas, empujan a los pacientes a los brazos del psicofármaco.
Es común que los psicoterapeutas usen la idea de que algo psíquico causa el malestar humano. También que resalten la importancia de los complejos familiares, el sentido de los síntomas o su beneficio secundario y la responsabilidad que compete al sujeto angustiado, pero rechacen el método que justifica la efectividad del descubrimiento freudiano. De este modo, también este procedimiento es conceptualmente ambiguo.

Bart y Homero
“¿Qué es la mente?, ¿es algo real?”, pregunta Bart a su padre Homero en un viejo capítulo de Los Simpson.
Retomando la trayectoria que se inauguró al separar lo mental de la medicina general y crear en Buenos Aires los centros de salud mental, no está de más reconsiderar a qué llamamos mental en la actualidad y a qué principios conceptuales responde nuestra práctica cotidiana. Y, de paso, clarificar qué método es el más congruente y eficaz para tratar la enfermedad para la que se disponen los recursos.
La presencia de psicoanalistas en los centros de salud mental es tradición en el país. El auge de la psicoterapia en la década del 60 y la necesidad de buscar alternativas al manicomio fueron factores importantes para la creación de estos centros. (3) Actualmente, la salud mental de la ciudad de Buenos Aires y alrededores está a cargo de psicólogos que se orientan mayormente por el psicoanálisis y realizan su práctica en consultorios públicos.
El funcionamiento de estos establecimientos fue mínimo durante la dictadura militar y en el período 85/86, los que allí trabajábamos en esas épocas, nos ocupamos (mediante documentos, actos y reuniones interminables en el Concejo Deliberante) de hacer permanecer las palabra “mental”, ya que la política del momento dictaba que debían transformarse en centros de “salud y acción comunitaria”.
Los “malpensantes” sabíamos que bajo el manto de la integración interdisciplinaria se escondía el interés de hacer desaparecer la especificidad de lo mental. Los funcionarios de turno argumentaban en contra del psicoanálisis para las clases populares y fomentaban a cambio tareas de prevención. Estos argumentos, tanto entonces como ahora, se sustentan en falsas opciones especulativas.
Dilucidar qué es mental hoy no es un problema aislado. Francois Laplantine, en su libro Antropología de la enfermedad, estudia detalladamente el pluralismo de los modelos etiológicos y terapéuticos que atraviesan la medicina y analiza los discursos que van desde la primacía del modelo epistemológico bio-médico hasta la creencia religiosa de la enfermedad como castigo.
Dicho pluralismo se manifiesta claramente en el ámbito de la administración de la salud mental. La disparidad discursiva y el malentendido son crónicos. Un ejemplo de ello es que la mayoría de los pacientes no se consideran enfermos mentales y hasta se horrorizan ante lo que ellos consideran un epíteto, a pesar de acudir por su obra social en busca de salud mental.
El río revuelto continúa. Los laboratorios pescan. La administración impone sus reglas. “¿En cuanto tiempo me curás una fobia?”, preguntaba una colega que contrata gerenciadores de salud para obras sociales y pre-pagas. A qué llamamos fobia y qué puede hacer un profesional experto por la salud mental, responde a criterios e intereses variados.
Debido a que lo mental no responde a una unidad conceptual y que –como lo ilustra la formulación por la que se inicia el novato: “la psicología no es una ciencia”–, aún hoy nos encontramos funcionando (es decir, utilizando recursos humanos, edilicios, químicos) alrededor del equívoco dual de que lo que no es físico es mental. Es común que alguien que padezca una alteración física sin causa orgánica constatada sea derivado a salud mental para que disponga de las treinta sesiones de psicología que la Prestación Médica Obligatoria (PMO) le brinda y, supuestamente, se cure de una enfermedad que no es tal.

A media luz
Como versa el proverbio médico: mal desconocido, se cura a medias. Entonces, ¿qué es lo mental? La medicina, vía la psiquiatría, fundó los diagnósticos específicos de las enfermedades mentales.
El psicoanálisis supo indagar la experiencia del sufrimiento humano y conceptualizó (y los grupos psicoanalíticos continúan haciéndolo) la relación mental-lenguaje y encontró los parámetros propios de los síntomas psíquicos que no se reducen a lo que no puede diagnosticar la medicina general ni a los enunciados dichos por las personas.
Considerar que la enfermedad mental es lo que no se ajusta a una calidad de vida global es la vía regia para que la salud mental sea simplemente una política mercantil.
No es imprescindible que los derivadores (sean médicos, docentes o familiares) conozcan las coordenadas con las que se maneja la salud mental. Tampoco se trata de hacer una crítica estéril del medicamento. Pero sí cabe cuestionarse y hacer uso de los conceptos de la labor que practicamos. Reconsiderar que lo inconsciente, en cuanto lo específicamente humano, se encuentra en la base de la cultura desde el siglo XIX: en el arte, en el lenguaje común, en el discurso político. Y que se esté a la altura de semejante fenómeno. Un recurso que hace conocer el material de que está hecho el síntoma mental, que posibilita ubicar cuál es el problema real del sufrimiento en cada quién y que permite ver que para ello, la mayoría de las veces, basta un instante.

(Versión corregida y aumentada del artículo “La mente Global”, publicado en la revista Psicolibro. Librería Paidós, julio 2004)

NOTAS
1) El periodista Pedro Lipcovich escribió sobre esta investigación en el diario Página/12 el 6 de junio de 2004. La nota abunda en información y ejemplos acerca de cómo los laboratorios, mediante prebendas, consiguen imponer el consumo de psicofármacos.

2) Medida implementada por el Ministerio de Economía argentino en diciembre de 2001, que consistió en impedir que los ahorristas dispusieran del dinero depositado en los bancos.

3) Por el plan Goldenberg se fundaron los Centro de Salud Mental que tratan de manera eficaz a miles de personas y abarcan todo el espectro de la enfermedad mental

BIBLIOGRAFIA
Balán, Jorge: Cuéntame tu vida (Editorial Planeta)
Bermann, Gregorio: La salud mental en Argentina (Editorial Paidós)
Deleule, Didier: La psicología mito científico (Editorial Anagrama)
D.S.M.IV Manual de diagnóstico
Freud, Sigmund: Obras Completas (Editorial Amorrortu)
García, Germán: Oscar Masotta y el psicoanálisis del castellano (Editorial Argonauta)
Lacan, Jacques: “Psicoanálisis y medicina”, en Intervenciones y textos (Editorial Manantial)
Laurent, Eric: Psicoanálisis y salud mental.
Laplantine, Francois: Antropología de la enfermedad (Ediciones del Sol)
Miller, Jaques Alain: Introducción al método psicoanalítico (Eolia. Editorial Paidós)
Musachi, Graciela: “La cronología, nudos y redes”. Anexo al libro de Germán García La entrada del psicoanálisis en la Argentina.
Navarro, Vicente: Salud e imperialismo (Siglo XXI Editores)
Torres, Rubén: Mitos y realidades de las obras sociales (Ediciones Isalud)

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