En Lien nos conciernen varios ejes, pero dos principalmente: la asistencia terapéutica, y la investigación. Ambas desde el psicoanálisis, pero con un intercambio con otros saberes.
No es nuestra intención refugiarnos en el psicoanálisis en un “silencio que es el privilegio de las verdades no discutidas” va a decir Lacan en “Variantes de la cura tipo”, sin debatir con otros para ocultar nuestros temores, nuestras dudas, nuestras incertidumbres, creyéndonos, tal vez por nuestra extraterritorialidad, inmunes a todo y a todos, asumiendo –pero cínicamente- las posturas del murciélago de la fábula. Queremos investigar en psicoanálisis, y queremos debatir con otros campos del saber. Una recomendación de Lacan es casi un imperativo: estar a la altura de la subjetividad de la época.
Como afirma Lacan en Escritos I, en “Del sujeto por fin cuestionado”, “que el psicoanálisis nació de la ciencia es cosa manifiesta. Que hubiese podido aparecer desde otro campo es inconcebible”.
El desarrollo del psicoanálisis esta indisolublemente ligado a la investigación, y obviamente que dicha investigación clínica remite inmediatamente a Freud, porque si bien el psicoanálisis es una psicoterapia –aunque no como las otras-, Freud no cesó de aconsejar a sus discípulos de analizar su furor sanandi, su furia de curar. Todo ello para que la técnica no matara la ciencia. Para que el psicoanálisis no terminara siendo una psicoterapia como las demás, porque Freud con el psicoanálisis había fundado también un método de investigación.
Ahora bien, ¿qué queremos decir con investigación en psicoanálisis?. Lacan, en el Seminario XI sostiene: “quisiera, desde ahora, evitar un malentendido. Se me dirá: de todas maneras, el psicoanálisis es una investigación. Pues bien, permítaseme enunciar, incluso para los poderes públicos, para quienes este término de investigación, desde hace algún tiempo, parece servir de shibbolet, de pretexto para unas cuantas cosas, que no me fío de dicho término. En lo que a mí respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro.”
Para investigar en psicoanálisis, es necesaria la lectura y el registro del saber acumulado sobre el mismo, de lo que lo afirma, lo interroga o lo rechaza. Ni el respeto ciego al texto, ni tampoco el desecharlo rápidamente.
Pero, si por un lado, nos apropiamos de esta acumulación de un saber que tiende a lo completo, a repetir lo ya establecido (esto es, lo necesario), investigar en psicoanálisis, es también estar a la espera de lo nuevo, de la invención, del hallazgo, de lo contingente.
En este sentido apelar a la sistematización de lo acumulado del conocimiento desde nuestra perspectiva, tiene como objetivo brindarse la oportunidad de lo asistemático de lo singular.
Privilegio del caso particular, del detalle, de lo singular sobre lo general y para todos.
En “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite”, Lacan dice refiriéndose a lo planteado por Freud en el caso del hombre de las ratas, y de la “clínica del detalle”: “(Freud) no tenía la omnisciencia que permite a nuestros neopracticantes poner la planificación del caso al principio del análisis. E incluso es en esa observación donde afirma con mayor fuerza el principio contrario, a saber que preferiría renunciar al equilibrio entero de su teoría antes que desconocer las más pequeñas particularidades de un caso que la pusiera en tela de juicio. Es decir que si la suma de la experiencia analítica permite desprender algunas formas generales, un análisis no progresa sino de lo particular a lo particular”.
Así, Freud, en las Conferencias de Introducción al psicoanálisis de 1915, en la 2° conferencia “Los actos fallidos” dice: “su material de observación (del psicoanálisis) lo constituyen por lo común aquellos sucesos inaparentes que las otras ciencias arrojan al costado por demasiado ínfimos, por así decir la escoria del mundo de los fenómenos”, “¿Acaso no existen cosas muy importantes que, en ciertas circunstancias y épocas, sólo pueden traslucirse por medio de indicios sumamente débiles?”. Agregando un poco después: “En el trabajo científico es más promisorio el abordaje de lo que se tiene directamente frente a si y ofrece un camino para su investigación. Si se lo hace bien en profundidad, sin supuestos ni expectativas previos, y si se tiene suerte, es posible, a consecuencia de la concatenación que une todo con todo, también lo pequeño con lo grande, que incluso un trabajo tan falto de pretensiones dé acceso al estudio de los grandes problemas”.
Investigar en psicoanálisis es, entonces, lo contrario a buscar dogmáticamente confirmar, por ejemplo, una teoría, un presupuesto. Igualmente en relación a la clínica, recordemos que Lacan nos decía que no tenemos que hacer del diván un lecho de Procusto, aquel famoso posadero del Atica. Eso exige un esfuerzo, el de que el investigador se autorice a saber más allá de lo que sabe.
Por eso la investigación en psicoanálisis no puede partir de clases ordenadas del saber constituido, sino que su punto de partida es un impasse en el saber, o al menos una auténtica pregunta de investigación.
Se espera que no sea la acumulación erudita de un saber que cierre las preguntas. Sino una caída del saber supuesto sobre un tema, y el deseo de saber aquello sobre lo que nuestro saber constituido no responde, para no reducir lo inédito y nuevo, a lo ya sabido. Se trata de hacer una lectura de lo nuevo, pero no desde lo viejo. Igualmente sabemos que es algo difícil de soportar sostenerse en una pregunta sin precipitarse a cerrarla con lo sabido. Pero esa es nuestra apuesta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario