jueves, 9 de octubre de 2008

Síntomas actuales y el padecimiento subjetivo por Lucila Martinez

Hay ciertos nombres que resuenan con insistencia en la actualidad. Bulimia, anorexia, drogadependencia, depresión… parecen ser moneda corriente. Forman parte de los llamados síntomas actuales.
Cabe preguntarnos qué es lo designan esos nombres tan insistentemente.
En principio podríamos decir que lo que nombran son modos de funcionamiento subjetivo que llevan la marca de nuestra época, modos de relación de los sujetos con la cultura y el malestar inherente a ella.
Estas modalidades de funcionamiento revelan al menos dos cuestiones. Por un lado, muestran cómo nuestra práctica clínica se encuentra atravesada por la época y los rasgos que la caracterizan. Por otro lado, evidencian que el sufrimiento subjetivo, conceptualizado como síntoma en el sentido amplio, toma distintas formas de presentación según los diferentes momentos históricos. Para ilustrar esto echemos un vistazo por lo que ha sido la relación del hombre con las sustancias embriagadoras (drogas ilegales, alcohol). Sabemos que esa relación es milenaria pero que no siempre se nombró en términos de adicción y drogadependencia. En un comienzo las sustancias eran utilizadas como un remedio, es decir, no era pensada como una patología. Recién a fines del siglo XIX, con la aparición del síndrome de abstinencia, comienza a constituirse en una problemática, aparece como un síntoma acotado entre otros. Algunos autores proponen a la actualidad como la época de la toxicomanía generalizada, del consumo generalizado y desregulado. En este brevísimo recorrido se observa que antes del siglo XIX la adicción no estaba constituida como una cuestión patológica que requiera atención.
Ahora bien, detengámonos un momento en los rasgos de la sociedad actual y el modo de funcionamiento subjetivo que la misma promueve. Nos encontramos con el avance incalculable de la ciencia, la promoción de objetos de consumo y el empuje desmedido hacia los mismos, la globalización, la tendencia a la homogeneización, la segregación, la sobrevalorización de lo nuevo y bello, la ausencia de regulación por medio de un ideal. La homogenización, la universalización de las maneras de gozar y su contracara la segregación son rasgos prominentes. Es el empuje al para todos lo mismo, eliminándose las particularidades y siendo amenazante cualquier diferencia.
Los síntomas actuales hacen del rasgo que particulariza a un sujeto el rasgo que lo constituye como identico a otro. De alli los grupos de bulímicos, anoréxicos, drogadictos, depresivos. De allí la ilusión del lazo al otro. Parece como si esos nombres los designaran como tales borrándose toda diferencia y singularidad. Estas modalidades reducen el síntoma de cada uno a un nombre homogeneizador. Parecería que se olvida que si hay algo singular, propio e inigualable es el modo en el que se configura el sufrimiento de cada uno, es el síntoma de cada quien. En la actualidad nos encontramos que estos nombres dan una identidad al costo de producir la segregación de lo singular y particular.
Los síntomas actuales nos dicen de las consecuencias de este discurso social sobre los sujetos y de las respuestas de ellos ante el mismo.
Como analistas y trabajadores de la salud mental estar a la altura de la subjetividad de esta época implica alojar estos nombres que circulan para no redoblar la segregación y rechazo que el discurso imperante genera. Alojar estos nombres para desde allí realizar una operatoria distinta a la que realiza el discurso actual.
Situar el modo en que cada uno habita ese nombre, el uso y la función que tiene para cada sujeto posibilita incluir lo más singular, posibilita ofrecer un abordaje que no deje nuevamente al sujeto borrado y universalizado. En la época del rechazo de lo diverso, en la época del rechazo al Otro, ofrecer otro Otro. Producir un lazo, a construir “Lien”.

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