miércoles, 12 de noviembre de 2008

"Asma, enfermedad psicosomática" por el Dr. Luis María Rosas Cadile, especialista en Alergia e Inmunología clínica".

Si la torpe sustancia de mi carne, fuese pensamiento
w. Shakespeare, soneto 44
Definir el lugar que ocupa el cuerpo dentro del modelo psicobiológico implica un complejo desafío teórico clínico.
A partir de que la psicología nació como ciencia natural uno debe enfrentarse con interacciones entre el fenómeno psíquico y físico.
Si tomamos al yo (superficial) como algo más cerca de lo físico y al ello (profundo) mas cerca de lo psíquico, podremos articular la enfermedad psicosomática.
La alternativa entre cuerpo biológico más cerca del yo y psiquis más cerca del ello, se esfuma y diríamos que lo somático, seria lo psíquico inconsciente, privado en la conciencia de significado.
Tenemos un cuerpo biológico, que esta determinado por lo psíquico.
El cuerpo fisiológico, soma, tiene un orden biológico (Bios) y estaría dentro de la necesidad y de las leyes naturales. El cuerpo erótico (Eros) establecería su orden psicológico desde el deseo.
Este es un dualismo cartesiano inseparable. Entra en interacción, sin especificidad jerárquica, de uno sobre el otro.
Los médicos como los no médicos, que trabajamos en salud tenemos tonalidades de escisión en este tema. Tendemos a separar algo que va unido desde su nacimiento.
Lo vemos con claridad en la conversión histérica donde hay una supuesta lesión en el cuerpo que no tiene representación anatómica en el cerebro, a diferencia de un accidente cerebro vascular (acv), con las dos lesiones orgánicas detectables, central y periférica.
El discurso médico cultural, es representacional, para poder dar una explicación racional a su sufrimiento imaginario o por lo menos sin lesión anatómica comprobable.
Esto a veces lleva a la iatrogénia, que agrava el cuadro, por no comprender lo otro.
Entendemos por psicosomática una relación específica entre fenómenos somáticos y un modo de organización psíquica, caracterizada por indicadores originales.
Los más frecuentes son:
Alexitimia: no poder leer lo que siente, necesita o quiere el otro.
Pensamiento operatorio: hace, sin reflexionar, sin pausa para pensar.
Sobreadaptación: siempre estoy bien, no puedo permitirme sufrir o mostrar sufrimiento.
Depresión blanca o esencial: vacío primitivo, primario.
Trastorno del universo simbólico, no hay simbolismo.
Desmesura del ideal: un ideal desmedido, descomunal, excesivo, exagerado, enorme, gigantesco.
Angustia: sentimiento difuso, confuso, impreciso, farragoso, incomprensible.
Alteraciones del sistema percepción conciencia con predominancia de la desmentida: negar, rechazar, rebatir, refutar, impugnar, objetar, contradecir la realidad.
Y falla en la coraza antiestímulo con mayor disposición al trauma.
Este tipo de paciente tiene una desestimación del síntoma somático y una pobre empatía corporal, el cuerpo aparece exigido, como si estuviera fuera de la mente.
La sensación propioceptiva esta desatendida, no hay lugar para reconocer la fatiga, la acidez, la colitis. Nada más que como algo “físico”, o sea pobre empatía corporal. La propioceptividad esta alterada.
Dentro de este descuido yoíco esencial, paradójicamente a veces se privilegian cuidados externos excesivos, para un mejor “decorado” corporal.
A este cuerpo social, responden a ideales sobreadaptados de la cultura, como delgadez, masajes, cirugías estéticas.
O sea lo que esta en falla es el sistema representacional, ello limita y empobrece el nivel de procesamiento psíquico, aquí aparecen las sensaciones corporales, que intentarán liberar el incremento tensional y funcionan como defensa ante la organización psíquica.
El paciente “no habla de su cuerpo, pero “habla con su cuerpo”.
Sobreadaptado o actuador en la que se idealiza siempre la descarga.
En este tipo de patología, los afectos son difusos, indiferenciados y desestimados, reducidos muchas veces a sensaciones a las que no se logra dar un sentido.
Esta inhabilidad para verbalizar los afectos y discriminarlos, lleva también a no comprender el estado emocional de los demás, con las consecuentes dificultades comunicacionales.
Cuando ante distintos estímulos conflictivos, la respuesta es repetitiva (crisis) el individuo puede llegar a categorizar una estructura, por ejemplo responder con una modalidad psicosomática sostenida.
O sea reacciona así como única y estereotipada forma de respuesta crónica, ante cualquier tipo de estímulo traumático, con una misma configuración repetitiva... la enfermedad psicosomática.
Hay que destacar que ante la aparición de síntomas somáticos, es de suma importancia realizar un diagnóstico de la modalidad psíquica específica de cada paciente, ello nos obliga para hacer una buena medicina, trabajar en equipo.
La expresión corporal esta mas ligada a un tipo de funcionamiento psíquico más global y el discurso del paciente sobre la enfermedad corporal, no es la enfermedad misma.
El síntoma corporal puede tener una función defensiva y servir para evitar una desintegración psíquica, una psicosis o una desestructuración de la personalidad.
Como ocurre a veces con el dolor, como también poseer un significado a dilucidar, siempre dentro de un universo semántica compartido (encuadre terapéutico)
Estas estructuras psíquicas son complejas, hay que descomponerlas.
Hay 3 áreas para diferenciar, la discursiva, la expresiva y la significativa
Área discursiva: es la referida al relato del paciente, lo que nos habla acerca de su cuerpo. Incluye todas las sensaciones corporales, el relato de sus funciones y alteraciones, sus dolores, sus expresiones metafóricas (siento que me ahogo, en un actuador, no siento ahogo, en un sobreadaptado) sus interpretaciones (tengo la sensación que hay algo en el ambiente que me envenena). O sus distonías del yo (con un relato de su fatiga crónica desvitalizada).
Área expresiva: es el de las manifestaciones corporales directas que podemos constatar: taquicardia, enrojecimiento, temblores movimientos corporales o el cuadro sintomatológico organizado (crisis de asma).
En las áreas discursivas y expresivas puede actuar el médico, pero no solo, debe tener el auxilio de otros profesionales (psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras, profesores de educación física, kinesiólogos etc.)
El área significativa: es el área exclusiva del terapeuta, es donde se debe intervenir para la traducción de los posibles significados, si los hay, de sus expresiones somáticas, aquí el cuerpo es objeto de intervención; podríamos hablar del síntoma corporal como expresión lingüística de un cuerpo significado.
Es necesario también diferenciar, causalidad de significación: que se hable de algo, no quiere decir que sea ese el origen, de la patología.
La palabra del paciente no es suficiente índice para un diagnostico clínico médico.
Muchos síntomas tienen interrelación entre significación y causalidad, muchos otros, por ejemplo en el paciente psicosomático, creemos que son respuestas a fallas primarias del yo, que determinaron alteraciones en el proceso psíquico de las representaciones.
Pensamos también que un médico contemporáneo debe manejar varios modelos teóricos convergentes y entender que combinación de teorías, se da en el enfermo, para desarrollar un proceso terapéutico operativo, cuidadoso, complementario, holístico y adecuado a las posibilidades de cada paciente, mas allá de las últimas teorías permanentemente actualizadas y cambiantes de la inmunología. (Th1- th2- il4- il5- neuropéptidos).

Bibliografía:
Anziu, d: la transferencia paradojica. nouvellle revue de psychanalyse nº 12- 1995.
Bleichmar, s en los orígenes del sujeto psíquico. Amrrortu, buenos aires, 1986
Baravalle rita archivos a a de a e i c vol 30 nº 2 año 1999
Freud, el yo y el ello. Amorrortu, tomo xix.
Marty, p: psicosomática del adulto amorrortu, bs as 1992.
Daniel Cardinali y col. manual de neurofisiología 8 2201
Carl g. Jung y col. encuentro con la sombra. ed. kairos 1998.
Trabajo presentado como Director(2005-2007) del comité de educación y psicología de la Asociación de Argentina de alergia e inmunología científica.

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