martes, 16 de diciembre de 2008

"El trabajo social pide la palabra" por Natalia Cópola

El tema que me convoca a escribir en esta oportunidad es el padecimiento subjetivo, y la salud mental en su concepción más holística. Hago esta salvedad ya que podría explayarme en la Salud Mental y las políticas de institucionalización que se llevan a cabo como modo de abordaje, para lo cual la condición sine qua non es ser “propietario del diagnóstico psquiátrico”, y su posterior tratamiento estereotipado, clasificatorio y estigmatizante que se desarrolla intra muros.
No es mi intención plantear nuestra intervención desde este plano, por el contrario el padecimiento subjetivo no le es indiferente a ningún sujeto, y sus orígenes están ligados a los procesos históricos que nos atraviesan.
Como sostiene Mario Testa pensar la salud implica ubicarla en un contexto más amplio para resignificar los discursos que en torno a él se producen.
El problema salud-enfermedad-atención no puede desconocer que los cambios en los procesos productivos, laborales, de distribución de los bienes y servicios que una sociedad produce impactan en las formas de enfermar y morir y definen la modalidad en que organiza la atención de la salud-enfermedad.
El proceso salud-enfermedad es una realidad concreta que se presenta en individuos y grupos con determinadas características socioeconómicas y culturales, producto de sus condiciones reales de trabajo y de vida.
Las causas deben buscarse en la estructura y la organización de la sociedad, en el ámbito de lo social, aún cuando esto se manifieste de forma concreta en el individuo.
La primera pregunta que surge seguramente es Qué es el Trabajo Social?
Voy a definir al Trabajo Social desde mi posicionamiento, porque a diferencia de la medicina, el psicoanálisis, el derecho, nuestra disciplina es un poco confusa, sus fronteras son amplias, sin un lenguaje que la defina así misma, sin teorías propias, con lo cual el rol también suele nublarse y he aquí el primer problema de nuestra intervención.
De todos modos el Trabajador Social siempre delimita un campo (Bourdieu) de competencia y construye un objeto de estudio.
La intervención profesional de los Trabajadores Sociales se centra en la atención de las necesidades presentes en la población, a partir de una particular concepción del mundo, de los sujetos, y de las relaciones humanas, a la que todo sujeto adhiere cuando ejerce su profesión.
Porqué agregar esto? La necesidad plantea una contradicción existencial. La necesidad se da en el interior de los sujetos mientras la satisfacción se da en el exterior, por tanto esa contradicción es el motor en la búsqueda de las gratificaciones.
Sostiene Habermas “las necesidades no sólo son biológicas, sino humanas, en tanto son interpretadas por el hombre (como animal cultural) (…) toda interpretación es cultural. Necesidad es un sentimiento contradictorio e interno que crea al sujeto intencionalidades de satisfacción. Esta búsqueda lo hace interactuar con el medio social en el que radica su resolución…”
El trabajo Social debe tomar como categoría de análisis la vida cotidiana de los sujetos. La vida cotidiana de los hombres es mucho más que un conjunto de actividades rutinizadas, es la producción y reproducción de los hombres en su dimensión histórica, en un presente, pasado y futuro. En la misma el hombre se objetiva en diversas formas, y formando su mundo se forma a sí mismo. “Con la parición de la división social del trabajo, el encontrarse al nacer en un ambiente social concreto, es decir el primado de la apropiación de este ambiente en la vida cotidiana, se convierte en un fenómeno de alienación”. Apropiarse del mundo dado por consiguiente, significa no solamente interiorizar y desarrollar capacidades humanas, sino también y al mismo tiempo apropiarse de esa alienación (en el sentido marxista de la categoría). De este modo arribamos a la conclusión de que la lucha es inherente a la reproducción del hombre histórico en el desarrollo de su vida cotidiana.
Hombre = Necesidades = Vida Cotidiana = Lucha

El capitalismo ha provocado que la esencia humana sólo pueda desarrollarse al precio de la dese-sencialización de los hombres particulares.
Dirá Marx qué significa todo esto sino que la vida del hombre en su totalidad, la vida del hombre medio, la vida cotidiana se concentra alrededor de la mera existencia y el poseer?
Adhiriendo con Zigmunt Bauman, la modernidad (líquida) ha cambiado los parámetros del poseer, y de aquel que consume, centrando la responsabilidad y favoreciendo el sentimiento de culpa en la individuo; provocando así una (falsa) omisión respecto de que las oportunidades dadas o negadas son un producto colectivo. Y como sostiene este autor “no existen soluciones biográficas, a contradicciones sistémicas”. Tomando a Gigliani la historia de las dos últimas décadas muestra el agotamiento de cada fase de expansión, se profundizan las contradicciones del sistema, incrementándose la exclusión social, el desempleo y la enorme brecha entre pobres y ricos.
“Nueva cuestión social”, que tiene más de vieja que de nueva, y que implica nuevos pobres, nuevas demandas, nuevas formas de violencia, donde la que más sobresale es la simbólica.
Des este modo los lazos sociales, entendidos, desde mi punto de vista como las relaciones establecidas, puntos de referencias construidos, se van resquebrajando. Hoy los lazos son construidos desde la precariedad, desde los márgenes, donde las proyecciones individuales y colectivas se diluyen y la incertidumbre se convierte en moneda corriente.
Producto de la fragmentación social, como sostiene Carballeda surgen nuevas construcciones identitarias y nuevas relaciones de referencia. Por este principal motivo (necesidades básicas insatisfechas para el desarrollo de la vida de los hombres) la salud mental se ve afectada.
El Trabajo social es el profesional que puede y debe intervenir en la disyuntiva que se plantea entre autonomía y alternativas. Las alternativas deben ser nuestro punto de inflexión para el análisis de cada situación y el posterior abordaje. No hay autonomía posible sin alternativas, y en cambio sin autonomía pueden existir alternativas que serán aquellas que son predefinidas por ese lugar que se ocupa en la estructura social.
Para el Trabajo Social descubrir en qué se basa la vida cotidiana, lo lleva a dilucidar las objetivaciones de los procesos subjetivos, por medio de los cuales se construye el mundo intersubjetivo.
Las posibilidades se desprenden de conocer el entorno. El entorno incluye la problemática social y económica, problemáticas coyunturales que no dependen sólo de la enfermedad. Generalmente aparecen temas vinculados con la convivencia, específicos de la dinámica familiar.
Nuestra tarea es un lugar de incertidumbres y nos interpela a poner en marcha nuestra capacidad creadora, intentando en el día a día generar nuevas instancias en los dispositivos de trabajo.
Por último agregar que el Trabajador Social, no debe olvidar nunca su condición particular de trabajador asalariado, y para esto hay que acudir a “la clausura de pensamiento”, que según Castoriadis implica necesariamente la reflexión en sentido crítico para la elucidación, “pensar lo que se hace y saber lo que se piensa” . Esto implica analizar los condicionamientos sociales que afectan al proceso de investigación-intervención, tomando como punto especial de la mirada, al propio profesional en cuestión y sus relaciones. En palabras de Bourdieu “objetivar al sujeto objetivante” .
En un país que vio arrasados sus ideales de justicia social, creer en utopías que nos devuelvan los sueños es parte de la lucha, de la resistencia del combate. Creo fervientemente que esto se logra constituyendo una red social que esté conformada por dos redes: una vincular y otra nocional, cuyo epicentro de ambas esté constituido por la singularidad de cada sujeto, esto debe ser la directriz que guíe nuestras intervenciones. Si bien reconozco que hay límites estructurales y funcionales creo que existen grietas, microespacios desde donde las “alternativas” pueden “germinar”.
Bibliografía:
• Ágnes Héller, “Sociología de la vida cotidiana”.Ediciones Península, Barcelona 2002, Pág. 53.
• Alicia Gutierrez. “ Con Marx y Contra Marx: el materialismo en Pierre Bourdieu”. Revista Complutense de Educación, Madrid 2003.
• Cazzaniga Susana. “Intervención Profesional: legitimidades en debate”. Edit. Espacio, Bs As 2006.
• Dabas Elina. “Redes en Salud”, Edit Espacio, Bs As 1999.
• Geertz Clifford. “La interpretación de la cultura”. Edit. Gedisa, Madrid.
• Karl Marx. “Manuscritos: economía y filosofía. Edit. Alianza, Madrid, 1968, pag 112.
• Mario Heller (coord). “Filosofía Social y Trabajo Social elucidación de un campo profesional”. Edit Biblos, Bs As 2002.

No hay comentarios:

Publicar un comentario